Ayer dejé pendiente un comentario sobre si Bush hará algo para reducir el tremendo déficit del presupuesto federal.
Como ya he mencionado en otras ocasiones, el Departamento de Defensa no es el mayor consumidor de impuestos federales. La Seguridad Social (esa que los progres no saben que existe en los EE.UU.) y la agencia federal de gestión de centros de servicios MediCare y MedicAid son aún mayores consumidores de recursos que la defensa, como puede verse aquí. Los intereses de la deuda son la cuarta gran tajada de este pastel.
James A. Dorn analiza en el Cato lo que deberían, o incluso podrían, ser algunas claves del segundo mandato de Bush.
La impresionante victoria del presidente Bush sobre el senador Kerry y haber obtenido un mayor número de diputados y senadores republicanos en el Congreso le da la oportunidad de limitar el tamaño y el alcance del gobierno federal.
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El exagerado déficit actual refleja un gobierno gordiflón, a la vez que insuficiente ahorro de la gente. El gasto gubernamental (sin incluir los gastos de defensa) se disparó en los últimos cuatro años. ¿Tendrá Bush la firmeza necesaria para frenar los gastos?
Dorn repasa los puntos clave a reformar: fomentar las cuentas de ahorro sanitario individual; simplificar el impuesto sobre la renta, bajar los impuestos sobre los ahorros y sobre el consumo; disminuir el déficit.
Entendiendo que en tiempos de guerra la defensa es una prioridad, no queda más remedio que recortar en todas las otras partidas presupuestarias:
En su discurso después de ganar las elecciones, el presidente Bush se comprometió a “continuar nuestro progreso económico”, “reformar un sistema impositivo anticuado” y “fortalecer el Seguro Social para la próxima generación”. También prometió “ayudar a las democracias emergentes de Irak y Afganistán” y “dar la pelea al terrorismo con toda la fuerza para que nuestros hijos puedan vivir en paz y libertad”. Son todos objetivos nobles. El problema es que hay que fijar prioridades. En tiempos de guerra, los recursos deben ser canalizados principalmente hacia la defensa nacional, pero eso requiere recortar otros gastos y frenar el crecimiento del gobierno. Tanto Bush como el Congreso no hicieron eso durante el primer período.
Al no tener que enfrentarse a otras elecciones dentro de cuatro años, Bush puede permitirse el lujo de llevar a cabo medidas poco populares en el corto plazo, pero necesarias para el futuro.
En el ámbito de la cobertura médica, el Heartland Institute publicó una comparativa de los programas de ambos candidatos. La conclusión es que las propuestas de Bush son las más dirigidas a devolver a los consumidores el control sobre la sanidad. Es decir, fomentar la responsabilidad individual, y devolver al mercado un servicio tan valioso como el sanitario.
Kerry has proposed some measured changes intended to encourage employers to continue offering--or begin to offer--health coverage. Even so, the Kerry proposals would exacerbate the problems of the current system by redirecting it from its transition into a consumer-driven system, instead moving further toward a government-driven system.
Bush also supports relatively modest reforms, perhaps because two of his previous campaign promises--a prescription drug benefit for seniors on Medicare, and Health Savings Accounts--already have become law.
Tampoco tiene desperdicio la comparación del coste de ambas propuestas: 90 mil millones de dólares en 10 años el plan de Bush, frente a los 653 mil millones del de Kerry. Por suerte (para los contribuyentes americanos) ha ganado el primero.
Sobre la seguridad social, no hay que perderse primero este artículo del gran Sowell traducido en liberalismo.org. De forma muy concisa resume las claves del problema: el estado te descuenta la cuota, pero no ofrece garantías de que haya dinero para pagar; las condiciones pueden ser cambiadas unilateralmente; y lo más importante, el sistema no es más que una pirámide cuya actual base no tendrá el tamaño suficiente para sostener a los futuros pensionistas.
La postura de Kerry ha sido muy clara: “No privatizaré la Seguridad Social”. Ninguno de los dos candidatos se ha explayado mucho en este tema, como podemos leer en este artículo del Washington Post de finales de campaña:
Bush has not offered a specific plan for revamping Social Security.
[...]
Kerry has failed to detail how he would address the budget deficit or tackle looming crises in Social Security
Pero lo que sí parece claro es que Bush impulsará una reforma para privatizar, parcialmente, la seguridad social:
On Social Security, Kerry aides assume that if Bush is reelected, he would push the second of three policy options detailed by his Social Security Commission in late 2001. That option would divert 2 percent of workers' pay to personal investment accounts, at a cost to the system of about $1.5 trillion over the first 10 years, and a long-term cost to future retirees of as much as 45 percent of their promised benefits
Y efectivamente, ese parece ser el camino:
The future of Social Security -- and the financial strains it faces when 77 million baby boomers begin to retire -- was an issue in this year's presidential elections.
During the final few months of a vigorous campaign for the presidency, Sen. John Kerry had suggested that the president was planning a "January surprise" -- the swift privatization of Social Security.
Kerry said the move would be "a disaster for America's middle class." But the Bush administration disputed the report and denied having used the word "privatize."
Bueno, da igual si no han usado exactamente esa palabra (¿también en EE.UU. hay miedo a lo privado?):
The Bush team may not have said the word, but as part of his long-standing pitch for an "ownership society," the president has proposed the creation of personal retirement accounts. They would give workers some control over how to invest their payroll taxes, including the possibility of investing in stocks.
Those who choose to create such private accounts would receive smaller Social Security checks in their golden years. But proponents argue that workers would come out ahead, thanks to the potential for higher returns.
Opponents to private accounts say that exposing Social Security funds to market risks could decimate needed retirement money. They argue that recent corporate and Wall Street scandals underscore the inherent risks of any free market-based investment plan.
(via CNN Money)
Market risks... Sowell ya nos ha señalado muy bien los riesgos reales de market y no market.
En Senior Journal andan algo preocupados por el tema (más que nada porque ya son seniors y temerán perder su pensión), que comentan aquí. La principal preocupación es el coste de transición:
Opponents of this plan are concerned about the cost and any possible reduction in payments to retirees. Primarily, money paid into Social Security is used to pay current payments to these retirees. If part of the current tax is moved into the stock market, money will have to come from elsewhere to pay current retirees.
Destapándose (una vez mas) la gran falacia de la pirámide: no pagamos una cuota de la seguridad social para tener una pensión, sino para que la tengan los actuales jubilados, incluso aquellos que han contribuido poco o nada al sistema. Lo que sí es cierto es que Bush no acierta a dar una respuesta concreta cuando se le pregunta de dónde sacará el dinero para pagar las pensiones actuales si parte de los fondos se destinarán a cuentas personalizadas para los futuros pensionistas. Pero el hecho es que si no se empieza a hacer ahora tal transición, la quiebra del sistema es segura.
En resumen, si Bush logra:
a) Hacer resurgir el mercado de la sanidad privada, que distintos gobernadores (la mayoría demócratas) empezaron a cargarse a principios de los 90,
b) Privatizar parte de la Seguridad Social, transfiriendo fondos y parte de la cotización a cuentas de previsión individual, cuyo propietario elegirá dónde invertir, y
c) Reducir el déficit público aprovechando el aumento de recaudación que suponen las bajadas de impuestos (¿se atreverá con un tipo único de impuesto sobre la renta?)
este nuevo cowboy podría ser el presidente que más trabajase por la reducción del gobierno desde los (buenos) tiempos de Reagan. Lo comentamos dentro de cuatro años.