Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

3 de Junio 2013

Maleducando a los niños

La educación en España lleva unos años revuelta. Casi podría decirse que desde la Transición, porque casi cada gobierno ha tratado de imponer, con mayor o menor éxito, su modelo educativo. Y seguramente el que tuvo más éxito fue el de Felipe González, que hizo realidad se promesa electoral del 82 de la educación obligatoria hasta los 16, que terminaría finalmente en la LOGSE.

Desde el retorno de la democracia se produce una paradoja: la educación es obligatoria hasta los 14 años, pero hasta los 16 no se puede trabajar. Ya no existe la figura del botones, o el mozo, o el chico de los recados, y tenemos una generación que no quiere (o no sirve para) estudiar, pero tampoco puede trabajar (legalmente).

Para colmo tenemos en ese momento una FP desprestigiada donde se aparcaba a los "tontos" que no se habían podido sacar el Graduado Escolar, y en lugar de hacer una educación especializada en oficios se les volvía a meter teoría, aunque de otra forma. Ojo, que BUP tampoco estaba mucho mejor: aulas con 35-40 alumnos, y el fracaso escolar ya era un problema galopante. La primera solución ya había sido bajar el nivel en el colegio. Sirva como anécdota que yo estudié trigonometría en 7º de EGB. Mi hermano, que sólo iba un año por detrás, ya no la vio hasta 2º de BUP (y yo la vi otra vez sorprendido de repetir algo que había visto tres años atrás).

En esa época mi madre estaba en el Consejo Escolar, y nos contó que el director les advertía con preocupación de la bajada de nivel en la EGB, pero que ellos no podían bajar el nivel en el instituto porque (se suponía) nos estaban preparando para la universidad. También estaba en marcha de forma experimental la Reforma (REM: Reforma de Enseñanzas Medias) en varios institutos, y algunos profesores que venían de esos centros nos advertían de que procurásemos que no nos pillase la Reforma porque lo que se avecinaba era terrible, en pérdida de contenidos y evaluación.

Con las sucesivas reformas baja mucho la proporción de alumnos por profesor (casi la mitad que en mis tiempos), pero no creo que nadie pueda atreverse a decir (sinceramente) que los alumnos de hoy salen mejor formados que los de hace 20 años. Incluso cosas básicas como hacer una regla de tres, sacar un porcentaje (que es lo mismo), redactar un párrafo correctamente o situar hechos importantes de la historia reciente de España y Europa década arriba, década abajo (cosas como las dos Guerras Mundiales, o los regímenes políticos de España en el siglo XX) son una tarea ardua. Y todo eso antes de los recortes.

Muchos profesores te dicen que hoy en día las aulas son incontrolables, que si apenas se puede dar clase con 20-25 alumnos, mucho menos con 40. ¿Y cómo se ha llegado a esa situación? Los padres dicen que los niños no aprenden nada bueno en el colegio. Los profesores dicen que los niños vienen mal educados de casa. Supongo que hay de ambas cosas.

En una sociedad que sale de una dictadura la gente, por reacción, no quiere seguir con los modelos de imposición y prohibición, y sale una generación bastante consentida (en parte gracias a la mejora económica que permite muchos caprichos), y esa generación ya no transmite a la que está ahora en las aulas valores como esfuerzo, compromiso, buen comportamiento, respeto a los otros, etc. De ahí las agresiones a profesores, a compañeros, y un interés entre bajo y nulo por estudiar. Seamos realistas: sin incentivos no hay por qué esforzarse. Si te cubren las necesidades básicas sin esfuerzo, ¿para qué más?

Pero además el sistema refuerza ese papanatismo. Los crios deben subir de nivel juntos, por edad, nadie debe quedarse atrás, independientemente de los resultados académicos. Y si los hay que se quedan atrás, hay que bajar el nivel igual para todos. Un sistema como la escuela comprensiva, que viene de fracasar en el resto de Europa y en EEUU en los 60 y 70, se empieza a aplicar en España tarde, mal, y sin tener en cuenta como se ha tenido que rectificar en el resto del mundo.

Recientemente Esperanza Aguirre atacó la neolengua creada en torno a la educación en lo que tal vez sea el diagnóstico más certero de los problemas educativos. Yo mismo pasé por el cambio de "exámenes" a "controles", viví la presunta evaluación continua, el cambio de las notas numéricas al "progresa adecuadamente" y "necesita mejorar", acompañados de una actitud "positiva" o "negativa". Por no hablar de que hoy en día parece que todos los niños y adolescentes están al borde del trauma si se les aprieta un poco o se les castiga cuando no siguen unas normas básicas.

Recientemente una conocida me contaba el caso de su hija de 12 años, buena niña, pero muy vaga para estudiar (en palabras de su propia madre). Cuando tiene turno de mañana tiene la tarde para vigilarla que estudie y haga los deberes (esos que ahora parecen una fascistada, volveré a ello). Pero si le toca trabajar por la tarde sabe seguro que la cría se la pasa delante de la tele y no toca los libros ni por equivocación.

Cuando los carnavales la había castigado sin salir en la comparsa del centro por los malos resultados académicos. Le había advertido que si suspendía X asignaturas no saldría con las amigas. La niña suspendió X, y más, y cuando la niña dijo que no podía ir al desfile de carnaval porque estaba castigada llamaron desde el colegio a su madre para decirle que no podía castigarla así, que eso la traumatizaría, y que ni se le ocurriese ir a buscarla antes de que saliesen de carnaval, porque ella no era nadie (sic).

En la última evaluación se repitió casi lo mismo con el viaje de estudios (que además le supone a esta mujer un cierto sacrificio económico, porque no está el horno para bollos). Durante todo el curso la madre le advirtió que si volvía a suspender tantas asignaturas se olvidades del viaje. La señorita volvió a suspender, y desde el colegio están presionando a la madre para que le permita ir al viaje, por el trauma y eso. La madre les contestó que el único trauma que tiene es que es una vaga y que le tienen que estar encima para que estudie. Que si ella por el trabajo no puede cada día, y en el colegio le permiten seguir vagueando, que a ver qué educación va a tener. Y encima si no hay consecuencias por su vagancia. Así que ante la duda de si los niños llegan malcriados de casa al colegio o viceversa, en este caso parece claro.

Recientemente se ha vuelto a reabrir el debate de llevarse los deberes a casa. Hay profesores (y ahí no se puede distinguir entre fijos e interinos, hay de todo en ambos casos) que se limitan a dar esos deberes y pasar la clase corrigiendo, mientras que otros dan la clase, y plantean los deberes como un refuerzo, porque no se puede pretender que dé tiempo de darlo todo en clase. Aparte de que los deberes crean (o refuerzan) el hábito de estudio y formarse fuera de las paredes del centro educativo, lo que es imprescindible en niveles superiores. Luego habrá alumnos más o menos rápidos para aprender, y ahí entra la posibilidad de dividirlos por grupos según resultados, o incluso por centros. Porque hay que tener claro que los críos no son todos iguales, y si los ponemos juntos por edad, y haciendo los grupos por orden alfabético, los habrá que se queden atrás porque no llegan, y los habrá que se echen a perder porque aprenden mucho más rápido. La genética es así.

Pero lo triste es que al final el debate se pierde en si la asignatura de religión debe contar o no para la media, cuantas horas debe de haber en cada idioma, y si deben permitirse o no clases segregadas por sexo.

Sobre la religión, si hay gente que quiere la formación de sus hijos debe incluir los valores de una religión en concreto, allá ellos. Lo mismo con los idiomas. Nadie debería imponer su idioma sobre los demás. Luego hay criterios de sentido común, y meter asignaturas en inglés me parece fundamental, no sólo por si hay que salir a trabajar al extranjero, sino porque España es un receptor de turistas y residentes extranjeros, y es un valor añadido poder atenderlos en el idioma internacional por excelencia (el chino no lo es, ni lo será; y el español tiene un área geográfica determinada, ya no es la lengua del Imperio, el Imperio ahora es otro). Y también hay estudios que defienden las bondades de una educación segregada por sexos, y no debería prohibirse porque sí.

En resumen: todo al final se reduce a la libertad real de elección de centros, que estos publiquen sus curriculums y planes de estudios, que se conozcan los resultados y que haya competencia. Si todos estamos de acuerdo en que la competencia es buena en cosas triviales como los refrescos, los proveedores de internet o las cadenas de televisión, ¿no será mejor aún para las cosas importantes como la educación?