Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

18 de Septiembre 2005

Ibiza, proteccionismo y un liberal

Hace un par de años, en mi primer viaje a Ibiza fui sentado al lado de una señora que resultó ser ejecutiva de una importante banca privada de origen balear. Su puesto era (y supongo que sigue siendo) el de responsable de grandes clientes: los de más de 100 millones de pesetas. Su misión ese día: tratar que algunos de esos grandes clientes ibicencos moviesen algo su dinero.

Ibiza es un mundo aparte. En la Isla de los Pinos podemos encontrar mujeres campesinas con vestidos negro que difieron poco del burkha a unos cientos de metros de Privilege o Space. Calas vírgenes coexisten con aquellas en las que el chiringuito casi se adentra en las aguas. Ferraris adelantan a las bicicletas de los hippies, para quienes el reloj se detuvo hace 40 años. Y millonarios propietarios de hoteles, restaurantes y discotecas siguen recurriendo a la baldosa como banca privada. De algún modo en Ibiza encontramos la excepción a que el empresario busca el máximo beneficio. Contra esa dejadez pretendía luchar esa ejecutiva de un banco balear. Pero tal vez esa dejadez se deba a que barreras artificiales a la competencia le han permitido vivir de rentas más allá de lo que sería lógico, sin necesidad de movilizar sus ahorros y recurrir el clásico "dinero llama a dinero". Y esto lo vemos cuando alguien se atreve a poner el dedo en la llaga: que una clase privilegiada lo sigue siendo sobre las espaldas de los consumidores, a quienes se limita la libertad de elección por cálculo político.

Quien puso el dedo en esa llaga fue Nasser, el que fuera nuestro tercer hombre en las europeas del año pasado, que pegó un buen repaso a los malos empresarios y sus aliados políticos del gobierno balear:

El pasado mes de junio el Parlament decidió dar una paso más : impuso una moratoria que aniquila la libertad de comercio en Baleares. Quienes hayan cometido el delito de crear más de 250 puestos de trabajo o de facturar más de 27 millones de euros no podrán instalarse en nuestra comunidad. Las empresas españolas como Inditex o Cortefiel podrán vender e invertir en Kuala Lumpur o Sao Paolo, pero no aquí. Se cierran las puertas precisamente para los mejores, para aquellos que han triunfado en el mundo empresarial por saber ofrecer lo que la gente quiere, la mayor calidad al menor precio posible.

La respuesta de los empresarios no se hizo esperar:


En relación al artículo del Sr. Nasser Mouaffak, publicado en su periódico el pasado domingo 31 de julio, nos gustaría realizar las siguientes aclaraciones:

1. Nos parece un desconocimiento gravísimo de la realidad pitiusa decir que los pequeños comercios son propiedad de los ricos del lugar, cuando en la inmensa mayoría de los casos estos comercios están regentados por los mismos propietarios que, con su tesón y esfuerzo, ofrecen un servicio inmejorable a la población.

¿Alguien realmente se toma en serio esas declaraciones de la renta donde el empresario declara ganar menos que sus trabajadores? Si los comerciantes no ganasen más que los empleados, ¿realmente mantendrían los comercios abiertos? Y por otra parte, si el servicio es inmejorable, ¿por qué deberían temer a la competencia?

2. Nos parece una temeridad decir que el Govern, a través de la moratoria de la Ley de Comercio de Baleares, quiera aniquilar la libertad de comercio en nuestras islas. Ante la desigualdad de oportunidades que tiene el pequeño comercio ante las grandes superficies, el objetivo de dicha moratoria es establecer unos baremos equitativos mediante los cuales pueda regirse el comercio balear con el fin de mantener activas zonas comerciales ya consolidadas.

¿Ah, acaso fomenta la competencia limitar las tiendas que pueden establecerse en un territorio, así como sus horarios? ¿Por qué hay que legislar para favorecer a las zonas comerciales ya consolidadas? ¿No es eso defender los privilegios de unos pocos?

Creemos precisamente que la política del Govern balear trata de elevar el nivel del tejido comercial de las islas y la mejora constante de la atención al cliente.

¿Y cómo eleva el nivel? ¿Procurando los mismos privilegios a buenos y malos comerciantes? ¿Qué incentivo tendrá cualquier comercio para mejorar su atención y nivel de servicio si haga lo que haga el gobierno acudirá en su ayuda?

3. No es cierto que estas empresas no puedan llegar a establecerse en Baleares pero lo que seguro que no pueden hacer es abrir como lo han hecho, sin cumplir ninguna de las ordenanzas vigentes que sí cumplen los demás comerciantes. Resulta sorprendente defender a empresas multinacionales que abren en Eivissa sin tener los permisos pertinentes. En todas las Comunidades Autónomas existe una normativa que debe cumplirse y, al que no lo haga, debe sancionársele.

En el caso de los establecimientos que nos ocupan, la multa no es suficiente, por lo que exigimos, además, su cierre mientras no tenga todas las licencias en regla.

Lo que sí es cierto es que esas tiendas de momento no pueden establecerse en Baleares por limitaciones de metros cuadrados, por volumen de negocio o por cualquier decisión arbitraria de la administración o los políticos. El que sean multinacionales o no es irrelevante. ¿Cuantos empresarios españoles, o ibicencos en particular, acompañan a los políticos en esas expediciones comerciales a Pekín? ¿Qué les parecería que los chinos les dijesen: "su propuesta es interesante, pero queremos dar priorida al capital chino"? Si resulta que los propios ibicencos no quieren sacar más rendimiento a su propio capital, ¿por qué no lo harán inversores de fuera? Y a continuación, piden el cierre. Tal cual.

4. Considerar mal empresario al pequeño comerciante por no tener una oferta atractiva y supuestamente tener precios abusivos no tiene nada que ver con la realidad del sector comercial pitiuso. En la actualidad, y promovido por la Conselleria de Comerç del Govern balear, existen varios planes de modernización y calidad para el pequeño comercio (Comerç Excel·lent), que han tenido una acogida importante y demuestran el espíritu de mejora continua en su negocio de nuestros empresarios. Mal empresario es aquel que no cumple con la legalidad y la normativa de la que nos hemos dotado en nuestras islas.

¿En la realidad pitiusa un tio que tiene precios abusivos y no tiene una oferta atractiva es un buen empresario? ¿Veis por qué decía que Ibiza es un mundo aparte? Pues claro que es mal empresario si no ofrece al consumidor lo que pide. Y pésimo es el político que dicta leyes para proteger al mal empresario. El ejemplo lo da el propio texto: los empresarios no tratan de mejorar su comercio por los incentivos basados en el juego de la oferta y la demanda, sino porque un programa público (seguramente bien dotado de subvenciones) les insta a ello.

5. Que alguien hable en el año 2005 de «fuerza represora del Estado» para eliminar la competencia, refiriéndose a la moratoria de grandes superficies comerciales, suena a tiempos pasados y no creemos que tenga nada que ver con la realidad comercial actual. Antes al contrario, las grandes superficies intentan colarse en nuestras islas burlándose de la legalidad vigente y, por consiguiente, de todos los ciudadanos.

¿Acaso no es represión pura y dura el cierre de un negocio que, siendo bienvenido por la ciudadanía, es contrario a leyes arbitrarias e injustas? Nada de tiempos pasados: la represión estatal, unes veces sutil y otras menos, es muy actual. Y quien se burla de los ciudadanos, una vez más, es quien legisla contra su libertad de elección.

6. Estar a favor de la libertad de horarios y de las fechas de las rebajas sería crear una jungla comercial en la que el más grande, con una capacidad de contratación de personal mucho mayor que el pequeño empresario (empleo precario), acabaría monopolizando el mercado. Debe tenerse en cuenta que el número de empleados de estas grandes cadenas, la calidad en el trabajo y el nivel de formación no tienen ni punto de comparación con lo que ofrece el pequeño comercio.

Claro, como se oponen a la jungla, lo que pretenden es un corral bien ordenadito, donde las gallinitas votantes tengamos que conformarnos con el pienso que se nos arroje. Pues no, oiga. Si usted como gallo no vale nada, se le cortará el cuello y a la cazuela. ¿Le beneficia al corral un gallo que sólo canta pero no preña a ninguna gallina?

Diez tiendas de estas grandes empresas podrían copar todo el mercado de Eivissa ciudada y únicamente estarían dando empleo a no más de sesenta personas y eso supondría el cierre de más de 500 negocios textiles con un total de trabajadores cercano al millar. Quizás eso es lo que, en definitiva, pretenden algunos: dinamitar los pequeños negocios familiares en beneficio de empresas procedentes del exterior.

Lo mismo decían en Palma hace doce años, antes de que llegase el Corte Inglés: que en un radio de 5 Km cerraría el 80% del comercio. 5 Km de radio es toda Palma y algo más. Y la hecatombe no ocurrió, más bien al contrario. Junto al Corte Inglés y en las rutas que lo comunican con los principales barrios y vías comerciales el comercio recuperó un empuje perdido lustros antes. El truco se llama especialización, buen trato y servicio, productos exclusivos, buenos precios o al menos proporcionar algo que dé cierto valor añadido.

Respecto a los puestos de trabajo, es muy aventurado decir a cuantos trabajadores ocuparían estas tiendas. ¿Seis empleados de media en un Zara, Mango o similar? Difícil de creer. ¿Diez tiendas abastecerían el mercado de Ibiza? Más de lo mismo. Pero incluso tomando como ciertos estos números, ¿no es un desperdicio de recursos tener a 500 personas haciendo el trabajo de 60? Que le echen imaginación, que sean empresarios de verdad, y seguro que toda esa gente encontraría nuevas oportunidades de negocio: las que surgirían cuando los ciudadanos ibicencos tuviesen más dinero en el bolsillo para gastar en otras cosas porque ahora pueden comprar la ropa más barata.

Los liberales no miramos el ADN ni la nacionalidad de quien es capaz de ofrecer a los consumidores lo que estos desean al precio que ambas partes consideran justo. Eso es la libertad de comercio, la auténtica competencia y el motor de la creación de riqueza. Y todo lo demás es una conjura de políticos y malos empresarios.