Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

27 de Agosto 2005

El día Ferret (III): playas privadas

Mucho tiempo antes del follón de la piscina de Pedro J., que pienso comentar en cuanto le haga un fisking a la ley de costas del PSOE de 1988, Ferret despotricaba contra la propuesta de un ministro italiano:

¿Vender las playas?

Con objeto de poner remedio a la escasez de fondos estatales, el nuevo viceprimer ministro italiano, Giulio Tremonti -un personaje al que a partir de ahora habrá que seguir- ha propuesto muy seriamente vender bajo forma de concesión por 100 años todas las playas y balnearios marítimos del pais.

Estamos ante un auténtico fenómeno al que por descontado le han caído todos los palos que eran de esperar, desde quién le sugirió que se vendiera también el mar hasta otro que optó por vender los Alpes. Bromas aparte y de seguir Berlusconi en el poder, no me extrañaría que algún vivillo más propusiera empezar a liquidar los muchos monumentos, edificios y joyas artísticas que forman el patrimonio de una tierra con tanta historia. Pero en el fondo la cuestión es más preocupante de lo que parece ya que la sandez acostumbra a ser contagiosa. Imaginemos, por ejemplo, que la propuesta de Tremonti, un hombre de Berlusconi y que por tanto debe gozar de las simpatías de nuestro PP, cala entre nuestros gobernantes. No se rían, hace años que un político alemán propuso comprar Mallorca y ya ven lo que pasó.

¿Qué pasó? Me revienta que se dejen caer afirmaciones gratuitas sin luego explicarlas. Pues no pasó nada. Pero los cuatro billones de pesetas ofrecidos entonces habrían sido suficientes para acabar con casi todo el déficit del Estado.

Conceder durante cien años la explotación comercial o el uso exclusivo de la costa no sería ninguna estupidez. Introduciría un incentivo para la conservación a largo plazo, más allá de las actuales conceciones a chiringuitos por cuatro años, o incluso menos. Y desde luego poca broma es hacerlo extensivo al mar y los montes. En Mallorca, donde gran cantidad de los montes son privados, la amenaza para la conservación del entorno son las invasiones a la propiedad privada: campistas y excursionistas sin escrúpulos que arrasan árboles, apedrean animales, llevan radiocassettes a todo volumen y dejan basura por todas partes. Lo mismo ocurre con las calas vírgenes. Aquellas más inaccesibles no se han convertido en blanco de la urbanización, pero tampoco de la depredación dominguera.

No sabemos cómo se tomaría en el PP tal propuesta, si es que se enteraron. Pero sí sabemos cómo se toman los colectivistas la propiedad privada: a cachondeo.