Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

27 de Agosto 2005

Penúltimo capítulo de una triste historia

Hace diez meses conté la historia de Charo, la mujer de mi amigo Joaquín: cómo le fue diagnosticado un cáncer, el inicio del tratamiento, y las esperanzadoras noticias poco antes de navidad. Sin embargo, las cosas se torcieron.

Después de fiestas, viendo que no mejoraba con el tratamiento que se le estaba administrando, decidieron ponerla en manos de una oncóloga que trabaja en Son Dureta, el hospital de referencia de la sanidad pública balear. Con distintos altibajos la situación siguió más o menos estancada, hasta que hace un mes tuvo que ser ingresada de urgencias en Son Dureta por un ataque de convulsiones y pérdida de conciencia: uno de los tumores de metástasis que no había preocupado a ningún médico había seguido creciendo hasta que afectó al cerebro.

Con el tratamiento de radioterapia, aunque interrumpido durante diez días por una avería en el equipo, parecía haberse controlado la cosa. Pero hace tres noches sufrió un nuevo ataque.

Para colmo, los médicos inicialmente daban la culpa a un relajante muscular que le administraron para mitigar los dolores en piernas y espalda después de un mes en cama, sin que se le hiciese ningún tipo de rehabilitación. Pero parece ser que ese tumor que durante meses no era causa de preocupación ha afectado ya a zonas importantes del cerebro.

Hay cosas que ni todo el dinero del mundo puede comprar. Pero siempre quedan preguntas. ¿Cómo dejan que se descontrole un tumor en una zona tan delicada? ¿No era operable? ¿Han influido los días durante los cuales no se proporcionó radioterapia? El seguro privado que se había hecho cargo inicialmente del tratamiento había ofrecido acceso a una nueva terapia aún experimental, pero dependía de que se estabilizase su estado. Desgraciadamente, sólo hay un 5% de posibilidades de que se recupere de su actual situación.

El último capítulo podría ser una recuperación milagrosa, alguno de esos hechos aislados que cada cierto tiempo sorprenden a los médicos. Pero seguramente el último capítulo se escribirá en días, si no en horas. Y entonces sí será de verdad una historia para sentir pena.