Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

26 de Agosto 2005

El día Ferret (II): crisis alimentaria

O también La culpa de la intoxicación es del que se intoxica.

Comer cualquier cosa

Vivimos tiempos extraños en los que se dan curiosas paradojas. Así, un ciudadano obsesionado hasta lo patológico por la salud es no obstante capaz de comer cualquier cosa con tal de ganar un tiempo que, dicho sea de paso, no sabe muy bien en qué emplear.

Ya empezamos: si la gente no sabe en qué gastar su tiempo libre, que no le pegue a la comida rápida, que le de a la tradicional, y así estará ocupado.

Nuestro hombre acude a la consulta del médico al menos pseudosíntoma de cualquier enfermedad pseudoimaginaria, no tolera que se fume en sus inmediaciones, se medica con la fruición de un vicioso animal de laboratorio, se sabe de memoria todas las patrañas relativas al colesterol bueno y al malo, hace deporte hasta extenuarse, y sin embargo no tiene el menos miramiento a la hora de zamparse uno cualquiera de esos alimentos precocinados cuya sola visión hubiera horrorizado a nuestras abuelas.

Es decir, si comes comida precocinada, para ser coherente a la Ferret no tienes que ir al médico, tienes que permitir que te echen humo de mierda, no tomes medicinas, olvida las recomendaciones sobre nutrición y no des palo al agua en todo el día. Por cierto, si nuestras abuelas hubiesen tenido acceso a la comida precocinada tal vez no habrían sido esclavas de la casa.

Ciertamente que se adoptan medidas de higiene oportunas, pero si alguien tiene el valor suficiente como para endilgarse un pollo plastificado cuyo jugo ha circulado por las tuberías -en donde acechaba la salmonella en el más reciente caso de intoxicación masiva- de una factoría, ya se sabe a lo que se expone. Y todo lo demás, pamplinas.

Pamplinas. Bobo. Si consumo medicamentos, sé qué efectos secundarios tienen, a cambio de curarme. Si consumo drogas, sé a qué me expongo a cambio de un subidón, un viaje o el relax total. Pero si consumo comida, espero que me alimente, no que me mate. Y da igual si he criado al pollo desde el huevo hasta la plancha, o si lo he comprado metido en un plástico. Oiga, yo me como un pollo, no el plástico, y lo normal es que el pollo no te traiga bacterias.