Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

26 de Agosto 2005

El día Ferret (II): de nuevo Irak

Como buen impermeable, Ferret es inasequible al desaliento para seguir criticando la intervención que condujo a la caída de Saddam Hussein.

Planes equivocados

Incluso desde la propia Administración Bush se empieza ya a reconocer que la aventura iraquí ha sido desastrosa en casi todos los aspectos. Un solo logro, por otra parte perfectamente previsible, hay que anotar: se consiguió derrocar a Sadam Husein, si bien a un altísimo precio de sangre.

Es que este único logro era condición sine qua non para todo lo demás. Y aunque fuese de verdad el único, tampoco sería desdeñable.

Junto a ello, encontramos un pais en quiebra que registra índices de paro de hasta el 65%, una economía general yugulada por el hecho de que no se hayan alcanzado tras 28 meses de catastrófica posguerra los niveles de producción de petróleo esperados, una población que sobrevive en condiciones lamentables son poder contar asiduamente con suministros básicos como electricidad y agua, y un clima de sostenida e incontrolable violencia que determina que se multipliquen a diario las cifras de muertos y heridos.

¿Y no tendrá algo que ver en todo esto el terrorismo islamofascista? ¿El que dinamita oleoductos, ataca estaciones eléctricas o detona bombas antre docenas de niños?

La pax norteamericana que pretendía desembocar en la implantación en Irak de una democracia, lo hará en la proclamación de una república islámica.

Bueno, eso depende de la constitución que se está redactando. Pero no parece que kurdos y chiíes estén por esa labor. Parece que a Ferret le puede el racismo de tipo paternalista que impregna a la izquierda, y según el cual pueblos no europeos difícilmente pueden disfrutar de una democracia.

Los planes elaborados por Washington nunca fueron realistas y debido a ello no se han cumplido

Tal vez no previeron lo hijoputas que pueden ser los terroristas islámicos con sus propios pueblos, ni lo estúpidos que son los periodistas occidentales que les dan pábulo.