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Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

25 de Agosto 2005

El día Ferret: sobre la inmigración

Hablando sobre la nueva política francesa de inmigración:

Inmigración elegida

Encuentro francamente sorprendente que el Gobierno francés, al optar por una nueva política de inmigración, tenga ya decidido aumentar en un 50% las expulsiones de inmigrantes a llevar a cabo este año -lo que elevaría la cifra a 23.000 personas y sin embargono haya precisado aún los criterios por los que autorizará la entrada en el pais de nuevos inmigrantes. No parece serio.

Obviamente, Francia y otras naciones europeas, incluída España, van a verse obligadas tarde o temprano a regular la inmigración, importando tan sólo la mano de obra extranjera necesaria para la buena marcha de la economía nacional. Por duro que resulte, quizás no quede otro remedio. Pero eso de hablar de una "inmigración elegida", como se hace desde el Ministerio del Interior francés, va un abismo, vistas las cosas desde una perspectiva medianamente humanitaria. ¿Se trata de establecer unas cuotas determinadas que excluyan a los paises más pobres, que no pueden ofrecer personal cualificado, lo que perpetuaría su miseria? Explíquense, por favor.

Explíquese usted, sr. Ferret, porque no se aclara. Por una parte dice que quizás no quede otro remedio que traer sólo la mano de obra necesaria para la economía nacional. Pero luego le parece mal que se deje fuera a la mano de obra no cualificada.

Por una parte, ni usted ni ningún planificador/regulador de la inmigración puede saber a ciencia cierta qué trabajadores son necesarios para desarrollar la economía nacional. Eso lo regula el mercado, ofreciendo salarios más altos a los trabajadores necesarios y escasos en un sector. En un sistema de libre comercio, incluido el libre tránsito de personas, este aviso que dan los precios cruza las fronteras. Así, ciertos trabajadores pueden decidir acudir a otro pais ante una buena oferta económica, que reflaja una necesidad para desarrollar la economía. Abrir de golpe las fronteras a paises paupérrimos provocaría en primera instancia una avalancha inmigratoria de mano de obra poco o nada cualificada, pero ahí va la segunda parte. A medida que aumenta el nivel de vida y de formación de una ciudadanía, menos gente está dispuesta a realizar trabajos de poca o nula cualificación, como recolectar tomates, recoger escombros o estar de señalero en una carretera en obras. Para muchos paises una primera forma de ingresar capital son sus emigrados, como los tres millones de españoles de los años 50 y 60.

Las cuotas a priori no son más que otro ejemplo de planificación central: un político decide sobre el papel cuantos inmigrantes pueden venir de cada pais según criterios casi nunca económicos. Abrir las fronteras de golpe podría producir una auténtica invasión. La solución a la inmigración como problema pasa por ayudar que los paises de origen puedan proveer a sus ciudadanos las necesidades básicas sin tener que emigrar, y que la emigración sea una forma de properar, no de salvar la vida. Y nada de esto pasa por ninguna planificación política, sino abriendo fronteras a capitales, bienes, servicios, y personas.