Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

25 de Agosto 2005

El día Ferret: tres estupideces sobre terrorismo

En estas semanas de inactividad bloguera no he dejado de leer, con la habitual renuencia, los artículos del plumífero Ferret, digno de aparecer día sí y día también en La Frase Progre.

Comienzo este repaso a los artículos de Biel Ferret con los escritos en los días y semanas posteriores a los atentados de Londres.

El enemigo en casa

Los terribles atentados de EEUU, Madrid y el más reciente de Londres dejan claro que Occidente tiene hoy al enemigo en casa. Un enemigo escurridizo, difícil de señalar e identificar, lo que lo convierte en especialmente peligroso y malo de batir. Algo que desgraciadamente determinará que vayamos a vivir aún bastante tiempo bajo su amenaza. Pero en esta guerra hay otro frente, otro enemigo en casa, que es el propio mundo occidental que con su nefasta política ha atizado durante años, décadas, siglos, el fanatismo que ahora padecemos. Porque ese terrorismo islámico es hijo también de la injusticia, la miseria y la desigualdad que el mundo rico ha implantado en el mundo pobre. Vencer a nuestro enemigo más aparente, al que con sus bombas ensangrienta las calles de nuestras ciudades, va a ser una tarea muy dura admitidas las dificultades que esta lucha encierra. Más razonable parece empezar a pensar en aplicar políticas de mayor equidad, más generosas, más humanas, dirigidas hacia aquellos que hoy actúan de forma criminal movidos por la desesperación. Sólo cojugando esas dos estrategias podremos vencer a los dos enemigos que tenemos en casa.

Se olvida de mencionar Ferret a otro enemigo: aquellos que como él tratan de justificar y dar argumentos a los terroristas, cargando la responsabilidad sobre las víctimas. Periodistas, o más bien artículistas, como Ferret son cómplices mediáticos de los terroristas al darles motivos para atacar a las sociedades occidentales. Cara de tonto se le debió quedar a Ferret al conocerse las identidades de los terroristas de Londres: tios nacidos en Londres, o incluso un jamaicano, con un nivel de vida medio-alto, educados, con desde luego ninguna privación de lo esencial, pero fanatizados por un enemigo que sí puede señalarse e identificarse. Desde hace años se sabe qué imanes y en qué mezquitas se alecciona a los futuros terroristas. Dónde se recluta y forma a esta gente. Cuáles son las fuentes de financiación. Sólo la torpeza habitual de gobiernos acomplejados ha impedido tomar medidas contra este claro enemigo interno. Ha tenido que haber docenas de muertos.

Pero hay más. A raiz de la muerte de un ciudadanos brasileño por disparos de la policía, y antes de conocerse los actuales interrogantes sobre esa actuación, escribía:

El recurso a la fuerza

El recurso a la fuerza bruta siempre ha sido cosa fácil para aquellos que sienten escasa afición al raciocinio. Ejercer la fuerza, sin más, es una de las grandes tentaciones del poder a la hora de resolver un conflicto aunque tras caer en ella encuentre habitualmente excusas para su actuación.

Sí, exactamente igual que los terroristas: ejercen la fuerza bruta, sin más, y luego articulistas atontados encuentran las habituales excusas.


La ciudad de Londres vive estos días inmersa en un clima de inusitada tensión a raíz de lo sucedido, tensión que como es natural afecta también a las autoridades del lugar. Pero ello no puede justificar jamás el que la policía acribille a balazos a un ciudadano inocente basándose en leves sospechas, ya que ello degrada a quienes tienen la obligación de mantener el orden y les sitúa a la altura de aquellos otros que se proponen alterarlo. Pero lo que me parece más grave del asunto es que tras el trágico error las autoridades británicas anuncien su intención de seguir por ese camino, es decir, disparando a matar cuando lo crean oportuno generando, para regocijo de los terroristas, el pánico entre la población londinense. De actuar así, están condenados a perder la batalla.

A la vista de los actuales datos, la muerte del joven brasileño no fue un error, sino una grave negligencia. Disparar a matar a un tio porque se parece a otro, cuando se le podía haber reducido sin fuerza letal es un grave abuso de poder por parte de la policía, cuando no otra cosa más grave. Pero en el momento de escribir el artículo la única versión conocida era la del abrigo, el saltarse el tornillo de acceso y la huida ante el aviso de los policías. Si esas circunstancias hubiesen sido ciertas, la negligencia habría sido no disparar, y lo trágico, no disparar y que hubiese sido un terrorista que podría haber matado otra vez a docenas de personas.

Con los hechos conocidos ahora se impone depurar responsabilidades entre la policía y entre quienes trataron de echar tierra sobre los hechos, pero eso no resta validez al principio de que si uno de los deberes esenciales del estado es proteger a la ciudadanía, sus agentes deben usar toda la fuerza necesaria en esa protección, sin tener que pensar en el qué dirán. La batalla la perderemos si nos dejamos matar sin que los agentes que deben protegernos se atrevan a actuar.

Ferret redondea esta particular trilogía de estupideces escribiendo sobre la alianza de ¿civilizaciones?

Alianza de civilizaciones

Cuando Rodríguez Zapatero habló del proyecto de crear una alianza de civilizaciones encaminada a yugular esos extremismos que están tras el terrorismo internacional, las gentes del PP encabezadas por su líder -¿líder?- Mariano Rajoy, se mofaron de él hasta extremos rayanos en la grosería. Claro, esta derecha que la historia ha regalado a España tan sólo cree en el uso de la violencia para combatir la violencia, inamovible en su idea de que tranquilidad viene de tranca. Y así les va. Porque ahora resulta que aquella iniciativa, a su juicio tan inútil y jocosa, ha sido secundada en su totalidad por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien ve en ella un posible lenitivo a aplicar en la brecha abierta en los últimos años entre las sociedades islámicas y occidentales, lo que le llevará a crear un comité internacional que plasme en un proyecto concreto la propuesta de Rodríguez Zapatero. En los 50 años que se cumplirán en diciembre del ingreso de España en la ONU, jamás una iniciativa española había obtenido semejante respaldo. Y por más que uno sea relativamente escéptico ante estos "éxitos diplomáticos", siempre me parecerán preferibles a la befa de los que nada tienen que sugerir.

La brecha entre las teocracias islámicas y las democracias occidentales no se cierra porque unos son los que usan la tranca para tratar de aplastar a los otros, y claro que merece befa, mofa y escarnio los payasos que creen que la tranca totalitaria islamofascista se detiene con diálogo y alianzas. Kofi Annan tal vez esté pensando de qué modo puede trincar más pasta con este invento, ya que se le acabó el chollo de Irak, y además tiene que seguir esquivando el sambenito de ser el responsable de la masacre de Ruanda cuando no mandó a los cascos azules a su cargo, ni permitió que una empresa privada interviniese en la zona. Se vé que ahí no hubo comisiones. Que el corrupto Annan respalde la payasada de ZP no significa nada. Mientras los payasos quieren dialogar y aliarse, los terroristas tratan de rompernos la tranca en la cabeza, o metérnosla doblada. A lo mejor aprevechan cuando alguien abra la boca para dialogar y se la metan entera. ¿He rayado la grosería? Espero haber caido de lleno en ella, porque no merece una réplica educada dar pábulo a una rendición.