Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

24 de Julio 2005

La amenaza fantasma

La del matrimonio homosexual sobre la familia. Ya comienzan a celebrarse bodas, se pide información, pero no se ha producido ninguna hecatombe social. Los heterosexuales siguen casándose y/o conviviendo igual, teniendo hijos y criándolos, o no teniéndolos y gastando el dinero en otras cosas.

Pero si nos tenemos que fiar de las notas de prensa de la Conferencia Episcopal, resultaría que se ha dado un paso tremendamente liberal en España:

Ante la eliminación del matrimonio del Código Civil,
en cuanto unión de un hombre y una mujer, y su reducción
a mero contrato rescindible unilateralmente

Hoy han quedado eliminadas sistemáticamente del Código las palabras “marido” y “mujer”, de tal modo, que el matrimonio, en cuanto unión de un hombre y una mujer, ya no es contemplado por nuestras leyes.

[...]

las leyes españolas que regulan el matrimonio se han convertido en radicalmente injustas. No reconocen la realidad antropológica y social de la unión del hombre y la mujer en su especificidad y en su insustituible valor para el bien común, en concreto, para la realización personal de los cónyuges y para la procreación y educación de los hijos. Nuestras leyes han dejado, por tanto, de tutelar adecuadamente los derechos de los padres, de los niños y de los educadores. Por otro lado, al dejar prácticamente al arbitrio de la libertad individual la continuidad del pacto conyugal, dejan también desprotegido el vínculo matrimonial y abierto el camino legal a la conculcación de los derechos del otro cónyuge y de los hijos.

Efectivamente, el matrimonio civil ya no es sólo la unión de un hombre y una mujer, pero el matrimonio canónico, que es el que compete a la Iglesia, sigue siendo lo que decida la jerarquía eclesiástica.

La realidad antropológica y social justificaría que los hombres saliésemos a cazar mientras las mujeres amamantasen innumerables niños y preparasen la comida. La realidad antropológica puede explicar muy fácilmente los malos tratos o los crímenes pasionales. Pero además, es que la frase es falsa. Siendo la costumbre la primera fuente de derecho, el matrimonio históricamente fija la legalidad del hecho natural de la convivencia entre hombre y mujer. Pero es que la realidad también es que hay convivencia afectiva entre dos hombres y dos mujeres. Si la ley ha provisto ventajas para una unión, no cabe la discriminación a las otras.

Bien común. ¿La realización personal es bien común? La gente puede realizarse compartiendo su vida con determinada persona, realizando un trabajo que le gusta, teniendo y criando hijos, o compitiendo en un deporte. La realización personal es algo que debe quedar fuera del ámbito de las leyes.

¿La procreación y educación de los hijos también son bien común? A lo mejor al pais le sobran 10 millones de habitantes y lo que habría que hacer son políticas incentivando una todavía más baja natalidad. Dividir el PIB entre 32 millones es mejor que dividirlo entre 42 millones. ¿Eso no es el bien común de los 32 millones que quedarían? Esta pregunta es una estupidez, como la frasecita de la Conferencia Episcopal. El hecho de decidir tener o no hijos tiene que ser neutral para el estado. Tener hijos es una decisión personal que debería quedar fuera del cálculo fiscal.

Siguiendo con las estupideces, ¿qué tiene que ver que puedan casarse gays y lesbianas con los derechos de los padres, los hijos y los ¿¿¡¡educadores!!!??? La patria potestad seguirá funcionando igual, y si se refieren a la posibilidad de adopción, al igual que con los matrimonios heterosexuales, los homosexuales deberían poder entrar en liza, y si una pareja homosexual puede ser mejor adoptante que todas las candidatas heterosexuales, ¿qué? La homosexualidad no es un virus.

Sobre la continuidad o no del pacto conyugal, siempre caben los acuerdos privados. Es más, todos los matrimonios deberían ser básicamente contratos privados, y la ley debería limitarse a poner uno como ejemplo (igual que se propone un ejemplo de estatutos de asociaciones o de contrato de alquiler). Para mí, un papel firmado por los contrayentes y un par de testigos debería bastar como "contrato matrimonial", del mismo modo que un apretón de manos y un pacto verbal ante testigos se asimila a un contrato mercantil. ¿Qué merecería más respeto por parte del estado? ¿Los contratos matrimoniales o los mercantiles? El incumplimiento de un contrato siempre tiene que ir acompañado de un castigo y de la reparación del perjuicio causado, pero ello es independiente de la orientación sexual de los contratantes. El principal problema en este aspecto es la desesperante lentitud del sistema judicial a la hora de dictar y ejecutar sentencias.

Ante esta penosa y grave situación, es necesario confiar en que la sociedad española sabrá salir en defensa del matrimonio, de la familia y de los niños.

Una vez más: no se prohíbe el matrimonio heterosexual. Hombres y mujeres siguen siendo libres para casarse tal y como prevé la constitución. Por otra parte, la asimilación de familia y matrimonio ignora la realidad social a la que se apelaba primero. De cada vez son más las parejas que tienen hijos sin estar casados. ¿Eso no es una familia? Y unos abuelos que se hayan hecho cargo de unos nietos que hayan quedado huérfanos, ¿no son una familia? Una viuda criando a sus hijos, ¿tampoco son una familia? Una persona estéril, ¿no tiene derecho a casarse porque no puede tener hijos? Y un mormón con cuatro esposas y 14 hijos, ¿no forman una gran familia?

Los niños tampoco están ahora más indefensos que hace dos meses. Desde el momento que existe el divorcio (la posibilidad de disolver un contrato), cualitativamente no influyen en nada los plazos ni los motivos. Es más, el poder pedir el divorcio sin alegar motivos de peso tal vez libre a algunos hombres de ser acusados falsamente de malos tratos por cónyuges y abogados sin escrúpulos en busca de un buen motivo para el divorcio. Sigue quedando pendiente que se aplique el sentido común a la hora de disolver la comunidad de bienes matrimonial, pero de nuevo eso es independiente de la orientación sexual de los cónyuges.

Hay que trabajar para que los derechos desprotegidos y conculcados sean de nuevo reconocidos y tutelados.

¡NO! Para lo que hay que trabajar es para acabar con tantas tutelas, que sólo son intromisiones en la vida privada de los ciudadanos. Lo que tiene que defender el estado es que no me maten o me roben. O que un excónyuge buitre trate de expoliar la mitad de mi patrimonio. Pero eso eso se sale una vez más del tema central: el sexo de los contrayentes.

Ojalá la reforma del código civil tuviese el trasfondo que tan tremendamente anuncia la Conferencia Episcopal: la reducción del matrimonio a un mero contrato rescindible unilateralmente; a lo que añado: con la correspondiente cláusula de rescisión como indemnización al otro cónyuge.

Referencias