Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

23 de Julio 2005

Ferret, sobre la vivienda

¿Alguien tenía la esperanza de que el Monstruo Ferret también hubiera permanecido en silencio mediático? Mais non, pequeños ilusos. El inefable ha seguido en su línea. Como muestra, sus reflexiones (¿?) sobre la vivienda, su precio y su tamaño.

La vivienda

Posiblemente uno de los factores que más influye en la actual situación de la vivienda en nuestro pais es la un tanto exagerada tendencia del ciudadano a adquirirla, en detrimento de la idea de alquilarla que se considera algo así como una inversión a fondo perdido, cuando en realidad es una inversión diaria importantísima. Mientras en Alemania, por ejemplo, tan sólo un 35% de ciudadanos tiene vivienda propia, aquí se roza el 80%, cifra que está muy por encima de la media general europea. Ello, unido al "boom" inmobiliario registrado en España desde el 98 y a la drástica reducción del número de viviendas de protección oficial orquestada por los gobiernos del PP siempre dóciles ante unos promotores a los que salía más a cuento vender pisos en el mercado libre, ha conducido a un disparo de los precios cercano al 150%. Lo que obliga ahora a adoptar medidas extremas, como esa propuesta del Ministerio de la Vivienda de sacar a la venta pisos de 25 ó 30 m2, o a crear una Sociedad Pública de Alquiler de funcionamiento impredecible. Se están pagando antiguos errores.

Cómo no, la culpa, de Aznar. Pero reflexionando de verdad el problema de la vivienda son los problemas de la vivienda.

Ferret, como buen seguidor de planificadores, se siente capaz de considerar que el deseo de comprar una vivienda es exagerado. Pues a mí no me lo parece tanto. Si yo hago ahora una hipoteca por la que pague pongamos 700 € durante 30 años, habré estado pagando más o menos lo mismo hasta que me jubile. Entonces la casa será mia. Si voy de alquiler, incluso jubilado seguiré pagando. Es más, el alquiler se habrá incrementado al menos el IPC. ¿Habré hecho una inversión? A menos que Ferret nos redefina inversión, me temo que lo hecho ha sido un gasto en toda regla.

¿Por qué a partir del 98 hay un "boom"? Uno de los principales motivos es que la vivienda se hace atractiva como inversión. La bolsa, sobre todo a partir de 2000, no es un buen negocio a corto. ¿Y qué hace que el precio suba? Un aumento de la demanda.

Muchos jóvenes del tardío baby boom español llegan a la edad de independizarse. La mejora de la economía les permite tener un sueldo con el que pagar la cuota de una hipoteca. Es más, muchos tienen dos sueldos porque trabajan los dos en la pareja: un sueldo para la casa y el otro para vivir de puta madre (cocinas con todo, salones con todo, etc., cuando nuestros padres tenían cocina y nevera, algunos afortunados la lavadora, y un televisor en blanco y negro). Esa misma bonanza económica atrae a muchos inmigrantes, que o bien compran, o bien alquilan las viviendas que muchos españoles compran para invertir.

¿De dónde sale el líquido? La bajada de tipos de interés hace más fácil endeudarse. La inminente llegada del euro hace ¿aflorar? mucho dinero negro, que es invertido en ladrillo. Y la mentalidad del comprador ha cambiado: ya no da pereza endeudarse a 20 ó 30 años, cuando para nuestros padres más de 10 años habría sido una locura. Es más, muchos, después de haber trabajado desde los 14 años habían ahorrado lo suficiente para pagar gran parte de la vivienda a tocateja en el momento de casarse.

Para colmo, la oferta no puede subir al mismo ritmo que la demanda por el control administrativo sobre el suelo en forma de permisos y recalificaciones.

La edificación también ha tenido incrementos en los costes de ejecución. Las nuevas normas de calidad exigen un volumen de inspecciones, controles y papeleos que no aseguran la calidad pero sí un gasto añadido en técnicos de calidad, contratación de laboratorios de control de calidad, compra a proveedores con determinados sellos de calidad... Algo similar ocurre con las normas de seguridad. Para una vivienda unifamiliar, el plan de prevención incrementa el coste de la edificación en más de 6000 euros.

Y tampoco tenemos que olvidar los impuestos. Cuando vemos el precio de una casa, sea nueva o usada, podemos añadir tranquilamente un 10% (al menos), en forma de IVA o transmisiones, impuesto de actos jurídicos, notaría (tasas fijadas por el monopolio de colegiación de turno), etc.

Pero no perdamos el hilo de Ferret. ¿Serían las VPO una solución? Sabemos que no. Sabemos que además de la cantidad oficial hay que abonar cierta cantidad en negro al promotor. Sabemos que los ayuntamientos hacen negocios con los solares, o incluso se expropian solares para construir VPO's. Y como encima los promotores reciban subvenciones, sabemos que una mayoría de pagadores de impuestos pagarán la casa a la minoría agraciada en el sorteo, en los puntos o en el reparto a los amiguitos del concejal de turno.

En el caso concreto de Mallorca, se dan una serie de paradojas adicionales. Al ser una isla, se nos recuerda continuamente que el territorio es limitado. Con esa excusa se endurecen notablemente los requisitos para urbanizar. Ya no hablo de la sierra o las albuferas, sino de antiguos cultivos abandonados que no rinden para la agricultura, ni a golpe de subvención, ni tampoco se puede construir en ellos por haberse establecido un mínimo de 14.500 m2 para edificar en suelo rústico. Muchos campesinos que podrían asegurarse unos buenos ahorros vendiendo esos terrenos, muchas veces colindantes o muy cercanos a núcleos ya habitados, tienen ese pedazo de tierra inútil, sin valor por culpa de la acción política.

De este modo, no se puede crecer "horizontalmente". Pero también hay límites a la altura que pueden alcanzar nuestras ciudades. En las grandes avenidas se permiten hasta 7-8 alturas. En algunas zonas, incluso menos: 5 ó 6. A medida que las calles se estrechan se reduce la altura máxima. Si bien esto puede tener sentido para calles estrechas de centros históricos que quedarían sin luz ni ventilación, ¿por qué en las nuevas urbanizaciones, con calles anchas y en las que puede buscarse la mejor orientación para tener el máximo de Sol sólo se permiten tres alturas?

Si además quitamos ya los terrenos de la costa, es normal la carestía de terrenos útiles para construir. La escasez aumenta el precio del suelo, y la limitación artificial de su explotación hace que el coste se divida entre menos propietarios. Ferret toca también estos temas con su habitual punto de vista intervencionista y liberticida:

Buenas intenciones

La ministra de Medio Ambiente ha decidido que el Estado compre terrenos privados del litoral a fin de salvar lo poco que queda intacto en nuestras costas. Se trata, sin duda, de una buena idea, que llega algo tarde -en Francia, por ejemplo, se puso en práctica hace tiempo- y de compleja materialización porque naturalmente la Administración central deberá contar para ello con autonomías y ayuntamientos. Y ahí pueden empezar los problemas. Pensemos, sin ir más lejos, en Baleares, en donde un Govern entregado a la clase empresarial está mucho más atento a los intereses de ésta que a la preservación del territorio. En líneas generales, el empresario de las islas ni siquiera está mal educado en materia medioambiental, ¡es que está ineducado! Cuando uno lee propuestas como las de un empresario tipo, Vicenç Grande, quien sugiere sin el menor rubor que la solución a la saturación territorial pasa por dejar de construir en horizontal y hacerlo más en vertical, no puede dejar de pensar que de no ser una cuestión de cinismo, lo sería de sandez. Y así, poco puede hacerse.

La prepotencia que destila Ferret en sus juicios de valor es notable, pero ya estamos acostumbrados. Y a su hipocresía, también. Cuando él, y cuatro progres millonarios como él ya tienen su chalet, que se pare todo lo demás. ¿Y dónde vivimos los pobres? Bajo el eufemismo de limitar el consumo del territorio se esconde una profunda xenofobia, pero que no queda bien airear. Limitar el número de viviendas y aumentar su precio es una forma sutil (o no tanto) de controlar quién viene a vivir a la isla.

¿Por qué le parece cínico a Ferret que se proponga construir en vertical y no en horizontal? Estamos muy lejos de ser una especie de Hong Kong, pero aún así, ¿sería malo eso? Si el suelo de Palma pudiese sostener rascacielos de 20, 30, 40 plantas (suponiendo que no se hundiese sobre los aparcamientos y el futuro metro), ¿por qué no hacerlo? Pero tranquilos, que el cinismo se cura con (re)educación. A lo mejor los amigos de Ferret nos educarían en la religión progre con el método norcoreano.

Sobre el asunto de las costas, la compra (o más que probable expropiación) de terrenos para no hacer nada es la típica capullada destinada a empobrecer a una comunidad. Se quitan recursos a unos ciudadanos para dárselos a otros, pero para arrebatarles una propiedad que podría tener un valor mayor que la compensación obtenida: destrucción de riqueza, se llama eso. Si Ferret y otros progres como él quieren tener la costa libre de construcciones, que se rasquen su bolsillo para comprar esos terrenos para no hacer nada, pero que no lo hagan con el dinero de los demás.

Recuerdo otro artículo de Ferret en el que se escandalizaba de que un ministro italiano hubiese propuesto privatizar las playas. Es que es lo que debería hacerse. Si un ricachón quiere la playa para él y sus amigotes, casi seguro que la tendrá mejor cuidada que si la invaden miles de turistas al día. O si quiere hacer negocio con ella, cobrando peaje para entrar, o el parking, o con chiringuitos, también querrá tenerla cuidada. Así como nadie iría a nadar a una piscina con las baldosas rotas, con limo o con las escaleras oxidadas, nadie pagaría por una playa con la arena sucia o el agua llena de plásticos. Ya se cuidaría el empresario de limpiar la arena y proteger la playa de la llegada de residuos. Ahora, como tenemos la falsa impresión de que la playa nos sale gratis, toleramos nadar acompañados de plásticos, papeles e incluso excrementos (ah, esa Can Pastilla de hace 15 años, qué recuerdos...).

Pero la realidad es que las playas públicas nos cuestan un pastón, incluso a los que no las usan. Lo mismo que la demagogia y la hipocresía sobre la vivienda, sea por su altura, su extensión o si está junto al mar. Y ese coste se distribuye por igual entre progres ricos y clase media. Al sr. Ferret habría que recordarle que el camino al infierno está embaldosado de buenas intenciones.