Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

8 de Abril 2005

El frente normativo de la guerra del pescado

Ayer resumí la actual guerra del pescado que enfrenta a pescadores y pescaderos en Palma.

Hoy se anuncian las primeras denuncias:

Francisco Bauzá y Juan Torres, presidente y vicepresidente del Gremio de Detallistas y Mayoristas de Pescado y Marisco de Mallorca, han presentado varias denuncias en la sede de la Dirección General de Pesca con el objetivo de “parar la venta ilegal de pescado en La Lonja”.

(via MallorcaDiario)

No hay más que fijarse en las denuncias presentadas para ver cómo la ley crea delitos y faltas allí donde no hay agresión.

Denuncian los pescaderos que se vende el pescado o se envía a otras lonjas sin que haya una primera venta en subasta. ¿Y qué? ¿No es subasta suficiente un sistema de precios libres en que si estás de acuerdo con el precio compras, si no, no compras, y si te quieren vender tienen que bajarlo?

Presentan reclamaciones por el lado sanitario. ¿Compraría la gente en un lugar sucio, antihigiénico? ¿Garantizan las inspecciones que un lugar sí esté limpio? ¿Acaso no ha habido intoxicaciones en bares y restaurantes que habían pasado inspecciones de sanidad? ¿Será más limpia una persona porque tenga un carnet que le autoriza a manipular alimentos? ¿Por qué debería haber criterios sanitarios distintos si el comprador es un pescadero o un consumidor final? La gente que compra el pescado puede verlo antes de comprarlo, y luego tiene que limpiarlo y cocinarlo. ¿Realmente hace falta que vaya un funcionario a decir si el sitio es apto para la venta minorista?

¿Por qué es necesario que la autoridad portuaria conceda o deniegue permisos para comprar en la lonja? La lonja debería entenderse como un lugar que físicamente reúne determinadas condiciones para la venta de pescado (cámaras frigoríficas, desagües, suelos antideslizantes y fáciles de limpiar; condiciones que a quien primero benefician es al vendedor), y no como una aduana por la que por narices tiene que pasar el pescado antes de llegar al consumidor. Es más, ¿por qué debe haber una lonja y no varias lonjas por puerto? Un tio puede invertir en una nave, equipos, instalaciones, servicios, para ofrecer un mejor lugar de compra y venta. Cada pescador debería poder vender su pescado en el lugar que mejores condiciones le ofreciese, y el comprador (mayorista o consumidor final) podría acudir también a su punto de venta favorito.

Finalmente, apelan al ayuntamiento, para que confirme que la lonja no tiene licencia de actividad municipal. No me extenderé mucho en este punto: la licencia de actividad no debería existir. Las autoridades deberían actuar cuando una actividad perjudica a terceros, por ejemplo por ruidos, malos olores, sustancias tóxicas... pero para eso hay un mecanismo más sencillo: la no agresión a la propiedad ajena. Un taller de pinturas no tiene por qué invadir con sus olores y sustancias cancerígenas la casa de nadie. En ese caso debería cerrarse hasta subsanar la deficiencia. Un propietario responsable tendrá el taller en condiciones antes de abrirlo. Uno irresponsable verá su negocio paralizado, con costes fijos que sostener e ingresos nulos, y eso le perjudicará más que la no obtención de la licencia de actividad, cuyos trámites gravan por igual al empresario responsable y al irresponsable.

En fin, el pescado se agita. Ya que el pececillo ya no nada libre en el mar, que al menos su comercio en tierra sí sea libre.