Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

7 de Abril 2005

El debate de Kyoto

Ayer noche pude ver el debate sobre agua, Kyoto y otros asuntillos ambientales que Juan Ramón Rallo nos había anunciado, y que Happy Butcher ya ha comentado también.

Hay que decir que el programa estuvo bastante mal dirigido y moderado. No hubo mucha ecuanimidad a la hora de dar los turnos de palabra, se cortaron intervenciones para dar entrada a los vídeos "de la calle", y a otros presuntamente informativos. Incluso se pasó el trailer de El Día de Mañana.

Además de esto el debate no estaba centrado en un tema concreto, sino que se abordaron varios de forma desordenada: cambio climático, Kyoto, usos del agua, campos de golf, plan hidrológico...

Había claramente dos bandos: el estatista y ecologista, y el de "no hay para tanto".

José Antonio Maldonado sostiene que sí hay tendencia hacia un calentamiento, pero no cree que haya tanta influencia humana como se dice. Insistió en que el clima es un sistema muy complejo y un gran desconocido como para poder atreverse a hacer predicciones a un plazo tan largo. En ocasiones el pobre hombre tenía una cara de decir "qué coño hago aquí", sobre todo con el cabañuelista del público.

Jaime Palop, director general del agua del ministerio de medio ambiente, fue el representante de la coerción estatal, y además presumió de ello (no en estos términos, lógicamente). Defendió a capa y espada la intervención del estado en multitud de aspectos de la vida ciudadana, y lógicamente el agua también tiene que ser regulada, intervenida. En un momento de guirigay me pareció entenderle la frase "yo soy el estado", cuando alguien aludió a la necesidad de que el estado interviniese. Si, seguimos en España 2005, no en Francia 1643. Se supone.

Ezequiel Martínez, editor y presentador del programa Tierra y Mar, representó lo peor del ecologismo militante actual. Y digo lo peor porque este no es de los tontos, sino de los malos, que mienten a sabiendas y que necesitan de los mitos ecologistas para seguir montados en el carro. No tuvo valor de aportar ni un dato concreto sobre el presunto calentamiento ni los presuntos beneficios de Kyoto. Es más, tuvo la cara de decir que el protocolo de Kyoto no pretende el descenso de las temperaturas. Es de los que han cambiado el término "calentamiento global" por el tautológico "cambio climático". Como no pueden sostener ya que el planeta realmente se caliente, dicen que es un problema global que las temperaturas suban en un sitio y bajen en otro, y que eso trae fenómenos climatológicos extremos. Cuando Gabriel Calzada lo acorraló con los datos del casi nulo impacto del protocolo de Kyoto en términos de clima arremetió diciendo que Kyoto sólo es el principio.

Antonio Morales, director de la Comunidad Regantes del Valle Inferior del Guadalquivir, cree que sí existe el calentamiento, pero que también se ha fomentado una cierta histeria, se ha logrado que la gente se obsesione. Hizo una observación muy interesante: se supone que la temperatura media ha aumentado 0'7º en un siglo, un valor que el cuerpo humano no puede apreciar, pero la gente entrevistada en la calle percibe el cambio. Se le ha metido tanta presión mediática a la ciudadanía que siente cosas que es imposible que el cuerpo perciba.

Mar Asunción, responsable de cambio climático de WWF/Adena, fue la vertiente tonta del ecologismo. No creo que mienta deliberadamente, daba la impresión de creerse lo que decía. Apeló a todos los tópicos de Kyoto, y en concreto al consenso científico y el sacrosanto IPPC. No respondió cuando se le mencionó la declaración de Heidelberg, y como Ezequiel Martínez, salió con eso de que Kyoto no pretende bajar las temperaturas, sino las emisiones de gases. Fue imposible hacer el razonamiento de que si dicen que los gases de efecto invernadero provocan un aumento de la temperatura, disminuir la emisión de gases no es un fin en sí mismo, sino para frenar ese calentamiento. Estoy empezando a pensar que tal vez sólo pareciese tonta y realmente sea mala...

Paloma Ferre, que está muy buena pero es tonta, hizo de florero. Florero ecologista, por supuesto.

Estuvo también un geógrafo cuyo nombre no recuerdo ahora mismo (ayuda, please), que si bien acepta que hay calentamiento, al igual que Maldonado cree que el clima es un sistema demasiado desconocido como para afirmar tan categóricamente que la actividad humana es determinante en su cambio. Mencionó como ejemplo las corrientes oceánicas profundas o la tectónica de placas, pero podría haber dado más caña mencionando la actividad solar o las erupciones volcánicas. Estuvo tibio cuando podría haber dado un bañito.

Como no puede ser de otro modo, el crack de la noche me pareció Gabriel Calzada. Fue el único que puso datos concretos sobre la mesa, y en particular el presunto beneficio en no aumento de temperaturas si se aplica el protocolo de Kyoto. No hubo manera de que le respondiesen los ecolós cuando pidió que diesen cifras concretas. Estuvo contundente al afirmar que hay que paralizar la aplicación del protocolo porque supone una salvajada económica, ambiental y humana. Cuando se trató el tema de los recursos hídricos hizo hincapié en la falta de un precio del agua. Curiosamente Ezequiel Martínez hizo una mención similar más tarde, pero el político Jaime Palop evidentemente defendió la titularidad pública del agua. Gabriel también tuvo la posibilidad de cargar contra el cuarteto intervencionista preguntándoles que quiénes eran ellos para decidir por todos cuáles son los usos correctos del agua, o en qué energías hay que invertir. El formato del debate creo que le impidió enlazar algo más los argumentos contra el protocolo de Kyoto y la liberalización del agua. Por cierto, resulta bastante telegénico y sabe hablar: no titubea, no se aturulla y se le entiende muy bien. Un buen valor mediático (además de académico) para la causa liberal en este pais.

El debate en sí fue poco productivo, pero al menos se ha abierto una brecha para que gente contraria al protocolo de Kyoto pueda acceder a los medios. Se rompe el presunto conseso monolítico, y la gente puede percibir que no todos los expertos están convencidos del cambio.

Aunque al principio se pueda invitar a gente como Gabriel como si sus opiniones fuesen algo aislado o anecdótico, el hecho es estar en antena defendiendo los principios liberales. Los ecologistas también empezaron así. Esto no ha hecho más que empezar.