Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

14 de Marzo 2005

El día que España se volvió inocentona

Después de la agitada noche anterior, el domigno electoral me levanté tarde. A eso de las 6 acudí a votar, y luego me pasé por el local para escuchar a las 8 los primeros sondeos. No podía creerme lo que estaba pasando.

El electorado se comportó como un crio inocente de cuatro años que tapándose los ojos cree que nadie puede verlo. El electorado creyó de verdad que obedeciendo a los terroristas y dando la victoria al partido que prometía la retirada de Irak quedábamos a salvo del terrorismo islámico. La gente pensó que tapándonos los ojos pasaríamos desapercibidos para los tradicionales amigos árabes, tan amigos, tan amigos que algunos están obsesionados por reconvertir a España otra vez en Al-Andalus. Sólo que esta vez los líderes de tal conversión no sería los Omeyas que trajeron la mezquita de Córdoba, o sus sucesores que nos legaron la Alhambra. Los nuevos califas de Al-Andalus serían los que ordenaron destruir los budas de Bamiyán y pondrían el burkha a nuestras mujeres, acabarían con nuestras piaras de cerdos ibéricos y arrancarían nuestras pecaminosas viñas.

España optó por el candidato de los terroristas, el candidato que incluyó en su programa romper la política exterior y abandonar un Irak recién liberado de uno de los sátrapas más sanguinarios del siglo XX. España eligió dejarse llevar por los terroristas.

El candidato ZP había prometido retirar a las tropas de Irak, además de hacer otras concesiones a otros regímenes islámicos poco democráticos (el Marruecos de Mohamed VI, la Palestina del terrorista amigo de Moratinos...). Los terroristas sólo tenían que dar un pequeño empujón para terminar de decidir a la gente. Un empujón de 192 muertos para que el electorado creyese que el atentado era única y exclusivamente la respuesta a la presencia de soldados españoles en la reconstrucción de Irak. Se reforzaba el mensaje del aspirante. Si ZP se hubiese comportado como un político con sentido de estado y no hubiese proclamado a los cuatro vientos que retiraría a las tropas de Irak sino que habría continuado con el vigente entonces mandato de la ONU, el atentado no habría tenido ningún sentido y tal vez no se habría producido. Pero gracias a ZP, había motivo.

España se tapó los ojos al coger la papeleta, y un año después se ven las consecuencias.