Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

14 de Marzo 2005

El día que España volvió a romperse

El sábado 13 de marzo de hace un año, como buen sábado, me levanté tardísimo. Estuve todo el día bastante desconectado de los acontecimientos, hasta que por la noche, a eso de las ocho y pico, puse un rato la COPE mientras me preparaba una cena rápida antes de salir a tomar algo con unos amigos. Lo que escuché entonces me pareció alucinante: en plena jornada de reflexión se estaban produciendo manifestaciones espontáneas frente a las sedes del PP de toda España.

La verdad es que las jornadas de reflexión me parecen una grandísima chorrada que favorecen sólo a los partidos más implantados en el sistema partitocrático. Un partido modesto tendrá una participación modesta en la campaña, mientras que los grandes y medio grandes tendrán bien visibles sus carteles hasta el día de reflexión, la jornada electoral, y más allá. Pero el hecho es que la ley dice lo que puede hacerse y lo que no en la jornada de reflexión y en el día de las elecciones.

Lo que ocurrió es que ciertos estrategas electorales, con la complicidad de determinados medios de comunicación, espontáneamente convocaron manifestaciones frente a las sedes de un determinado partido político que concurría a las elecciones. Gente que representaba a media España acosó a gente que representaba a la otra media, la amenazó, la coaccionó, la mantuvo arrinconada e incluso la agredió. Volaron las piedras y los cócteles molotov lanzados por las manos que sostenían las pancartas de "paz".

En el local (punto de encuentro para la salida nocturna) estuvimos un rato viendo la tele. Yo alucinaba con lo que estaba viendo, sobre todo al ver a Rubalcaba con su histórico "España no se merece un gobierno que mienta". Pues sí ha parecido merecerlo.

Estuve con una pareja de amigos tomando unos refrescos, y volvimos al local hasta las 3 de la mañana, viendo lo que ocurría en Madrid y otras ciudades. Ese día temí que de verdad iba a estallar el enfrentamiento civil. Cuando volví a casa no me acosté hasta las 6, cuando las noticias parecían indicar que todo volvía a la normalidad.

Las cosas no pasaron a mayores porque la mitad amedrentada se quedó encerrada hasta que escampó el temporal, porque si hubiese tenido sólo la mitad de mala sangre que la mitad acosadora, tal vez habría corrido más sangre que sumar a la del 11-M.

Yo, que tenía decidido mi voto en blanco para el Congreso, y para Izquierda Repúblicana en el Senado (lógicamente por lo de republicana, no por lo de izquierda, y en parte por tocar los huevos al stablishment), lo cambié hacia el PP. A pesar de su manifiesto antiliberalismo en tantas y tantas cuestiones, me parecía fundamental que no ganasen los de las pancartas, la coacción, los gritos y las piedras. Energúmenos así no son dignos de estar en la sede de la representación de la soberanía popular.

Una vez más, me equivoqué.