Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

10 de Marzo 2005

La semana pasada se hacía pública una encuesta sobre la prohibición de fumar en los lugares de trabajo:

La mayoría de los empleados baleares, a favor de fumar en el trabajo

[...]

un 54 por ciento de los baleares están a favor de que se fume en el trabajo, aunque con restricciones. La mayoría de los encuestados cree que lo mejor es habilitar salas específicas, en tanto que el 45,1 por ciento prefiere la separación en áreas destinadas a fumadores y no fumadores.

Lo más destacable es que la mayoría apuesta por acuerdos voluntarios:

el 63 por ciento de los entrevistados en toda España está a favor de que sean trabajadores y empresarios los que decidan si se autoriza o no el consumo de cigarrillos (frente al 37 por ciento que opina que debe hacerse por ley)

Porque inmediatamente surge una duda:

cómo piensa la administración controlar el cumplimiento de esta norma, teniendo en cuenta que otras medidas relacionadas que ya están en vigor no se acatan

¿Va a instalar el ministerio de sanidad cámaras en las oficinas? ¿Se harán visitas sorpresa, como las sorprendentemente pactadas visitas de inspectores de hacienda o de trabajo? Si un autónomo cuyo lugar de trabajo es su propio taller o despacho fuma, ¿podrá ser denunciado por ello? ¿Y si quiero fumar en la oficina un sábado cuando estoy solo? ¿O mientras estoy en la furgoneta, que también es mi lugar de trabajo?

Los que me leen habitualmente saben que no fumo. Es más, me repugna bastante el tabaco (unas marcas más que otras). He dejado de ir a ciertas cafeterías porque se fumaba mucho y el ambiente estaba cargado. He comenzado a ir a otras que me ofrecen un ambiente más sano, o porque tienen extractores, o ionizadores de aire, lo que sea, pero han sacado una ventaja competitiva en relación a los clientes no fumadores. Procuro elegir restaurantes en los que haya áreas bien separadas entre fumadores y no fumadores, o que sean los suficientemente espaciosos para que no me llegue el humo de la mesa de al lado. Y todo ello sin necesidad de una normativa al respecto.

Una cosa que me toca mucho las narices es que la administración dicta normas que ni ella misma cumple. Las oficinas públicas están llenas de funcionarios fumando apenas escondidos de los sufridos clientes. En los aeropuertos, policías y guardias civiles fuman bajo los letreros de "prohibido fumar". Y precisamente son estos lugares públicos, los que no tienen competencia, aquellos a los que no queda más remedio que acudir, donde más dura debería ser la aplicación de la normativa, y no en espacios privados, donde la entrada es voluntaria y existen alternativas. Pero al estado le da más morbo amenazar a los particulares, a quienes cobrará multas, que a los funcionarios. Vamos, nada nuevo.