Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

4 de Marzo 2005

¿Condena justa o corta?

Ayer fue condenado a cinco años de cárcel el ulema Abu Bakar Bashir por su implicación en la masacre de Bali en 2002. Esta condena no ha gustado ni en los EEUU, ni en Australia, de donde procedían la mayoría de víctimas:

Australia y Estados Unidos, aliados en la guerra contra el terrorismo, se mostraron contrariados con la condena a 30 meses de cárcel dictada por un tribunal indonesio contra el religioso islamisma Abú Bakar Bashir, presunto líder de la Jemáa Islamiya --grupo terrorista regional vinculado a Al Qaeda--, por su implicación en el atentado de Bali de 2002.

Un tribunal de Yakarta condenó al clérigo a 30 meses de cárcel por conspiración en el atentado de Bali en el que murieron 202 personas, entre ellas 88 australianos, pero consideró que no es culpable otros tres graves cargos, incluido el de ordenar el ataque.

Sin embargo, si creemos en la separación de poderes y en un sistema judicial que juzgue sobre pruebas, y no sobre impresiones personales o presiones de la opinión pública, no queda más que reconocer que el tribunal ha actuado con justicia. Si en un momento dado se comenzase a juzgar según certezas morales, se sabe dónde se comienza, pero nunca dónde se acaba. Bueno, probablemente en multitud de errores judiciales y condenas injustas. Volvemos al concepto de mejor 100 culpables en la calle que un solo inocente preso. Podemos discutir si 100 culpables en la calle no están coartando más libertades que si por error se manda a un inocente a prisión. A menos que seas el inocente encarcelado.

Distinto es cuando las pruebas son concluyentes de la participación en un delito y la absolución o reducción de condena obedece a criterios de apreciación del tribunal, presuntas reinserciones o tecnicismos que bordean el fraude de ley. Por eso debería establecerse un sistema de elección de jueces y fiscales, para que fuesen los ciudadanos quienes determinasen el grado de dureza con que debe actuar el sistema judicial. Eso sí, siempre condenando sobre pruebas sólidas. Si no, se termina cayendo en la administración caprichosa y arbitraria de la justicia digna de monarcas absolutos.

Referencias