Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

24 de Febrero 2005

Prostitución en Palma: locales y publicidad

El cada vez más decepcionante y antiliberal ayuntamiento de Palma ha decidido emprender una nueva cruzada contra la prostitución, cerrando un conocido y local y limitando la publicidad.

Resulta que ahora se han dado cuenta de que el local Top Models no es sólo un club nocturno, sino que en dos de sus plantas hay habitaciones en las que se ejerce la prostitución, y por eso van a cerrarlas:

Cort cerrará dos pisos del club Top Models por no tener licencia y ejercerse en ellos la prostitución

El Ayuntamiento de Palma procederá en los próximos días a clausurar las viviendas del edificio que ocupa el club Top Models, por carecer de licencia para ejercer la actividad. El local de alterne, que funcionaba con licencia de restaurante y que, definido ayer como «prostíbulo» por el teniente de alcalde de Urbanismo, Rodrigo de Santos, fue clausurado por Cort el pasado 11 de noviembre por no atenerse a la actividad que en él se desarrollaba y que figuraba en la licencia otorgada en su día por el Consistorio palmesano.

[...]

Según el propietario del establecimiento, en palabras del concejal de Urbanismo, él decía que «eran viviendas privadas pero ahora tenemos pruebas suficientes para demostrar que allí se ejerce una actividad y que carecen de licencia para ello». ¿Y qué actividad es?, le preguntaron al edil. «Es un prostíbulo»

(en El Mundo - El Día de Baleares)

¡Coño! ¿Y ha necesitado muchos informes policiales el sr. Rodrigo de Santos para obtener esta información? ¡Pero si toda Palma (y fuera de Palma) sabe lo que es ese local! ¿No le han echado nunca una ojeada a los anuncios clasificados de los periódicos?

Si el negocio en cuestión daba molestias (reales, no morales) a los vecinos, es su obligación subsanarlo. Pero si no es el caso, nos encontramos en lo típico de las licencias municipales, auténtica fuente de corrupción y mangoneo. Una gran cantidad de negocios de Palma no cuentan con la licencia, porque si se tuviese que esperar a tenerla los bancos ya habrían embargado el negocio por moroso incluso antes de poder abrir las puertas. Pero por otra parte, ¿qué pinta el ayuntamiento decidiendo qué negocios pueden instalarse y cuales no en un sitio? ¿Tengo que pedir licencia de actividad si me monto en casa un taller de ordenadores? ¿O un estudio de dibujo? ¿O un estudio de radio? ¿O una peluquería? Siempre y cuando no se perjudique a nadie (por ruidos, olores o lo que sea) al ayuntamiento debería darle lo mismo si un espacio privado es una vivienda, un negocio o varios metros cúbicos de nada (como el anuncio...). Quien sí podría poner "peros" es la comunidad, al compartir el negocio ciertos elementos comunes y ser parte indivisible de la finca. Pero en este caso toda la finca es el local (lo sé seguro), así que no se aplica el caso.

Otra cuestión es que ha habido una gran movilización para sacar a las prostitutas de las calles (Porta de Sant Antoni, Avenidas, junto al hipódromo...), y ahora resulta que también se quieren cerrar los locales. Lo que lograrán persiguiendo tanto la actividad es hacerla más clandestina de lo que ya es, llevándola a nuevas cotas de marginación y poniendo en mayor peligro a las mujeres y clientes por llevarlos a círculos más "opacos".

Otro tema es el de si las mujeres ejercen la prostitución libremente o forzadas. Por "forzadas" no me refiero a que lo hagan porque no les queda más remedio: la mayoría trabajamos porque no nos queda más remedio. Quiero decir que no haya coacciones, amenazas de muerte o de lesiones, robo de documentos, etc. Precisamente en locales conocidos es menos probable que se dé esto. Cuanto más clandestina sea la actividad, más posibilidad de ocultar estos auténticos secuestros.

Se da también la paradoja de que si el propietario del local cobra un porcentaje por cada servicio se convierte en un proxeneta (delito). Pero también es quien alquila el local, paga agua y luz, pone la barra y la bebida... vamos, que no es muy distinto de El Corte Inglés cobrando a tanto el metro cuadrado a las marcas de ropa o cosmética.

Pero al ayuntamiento no le basta con cerrar locales, sino que quiere limitar su publicidad:

Cort obliga a todos los taxistas a retirar la publicidad de los prostíbulos de sus vehículos

Advierte a los conductores que «no pasarán la inspección» aquellos coches que anuncien «actividades de alterne y similares» / La ordenanza prohíbe «los anuncios que atenten contra las buenas costumbres»

(también en El Mundo - El Día de Baleares)

De nuevo volvemos a encontrarnos con el tema de las licencias. Un taxi es como el local de un negocio, pero que se mueve. Si ahora me pega por ponerle a mi coche un taxímetro y una lucecita verde, pues resulta que es ilegal, porque el ayuntamiento fija cuantos de esos negocios pueden circular por Palma y a qué precios. Todo esto genera un mercado negro de licencias que ríase usted de las tramas del ladrillo.

El colmo es que un requisito para pasar la inspección sea el tamaño de la propaganda que se exhibe en la puerta, y si esta atenta o no contra las buenas costumbres. Es como si el ayuntamiento se metiese en una tienda a montar el escaparate. Si una persona para un taxi y le parece una guarrada la propaganda que lleva, con tomar otro lo tiene solucionado. Si tiene mucha prisa y prefiere soportar la guarrada, es que la guarrada no es tanta.

Con lo que habría que terminar, por ejemplo, es con las colas con el orden fijado en las paradas de taxi. Si yo veo un A6, prefiero subirme en ese que en un Xantia, aunque esté el primero. O a lo mejor el criterio para elegir uno u otro sea que uno está más limpio, que uno lo lleva una taxista que está buena, o que no tiene propaganda guarra en las puertas.

Pero el ayuntamiento, en su infinita sabiduría y como garante de la moral pública decide qué tamaño puede tener la publicidad, cómo puede llevarse, y qué aspecto (moralmente aceptable o no) puede tener. Da igual si actúa a instancia de un particular que además es un negocio del sector que apuesta por una propaganda más discreta que los denunciados. El hecho es que quien puede permitir o prohibir el tipo de propaganda que luce un particular en su negocio es el ayuntamiento, que usa la fuerza de sus arbitrarias normativas para imponer sus criterios.

Lo dicho: decepcionante y antiliberal.

Referencias