Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

14 de Febrero 2005

Otras dos visiones sobre la inmigración

La semana pasada escribía en su columna de El Mundo (aquí, de pago) Jiménez-Losantos un artículo sobre la regularización de inmigrantes. Entre crítica y crítica al papel del gobierno, desliza dos ideas para él fundamentales:

La primera es que los trabajadores extranjeros no quitan a nadie su puesto de trabajo sino que, a la larga, crean más empleo y de mejor calidad para los españoles. La segunda, que no todos los inmigrantes son iguales. Hay iberoamericanas y europeos del Este que se integran en la primera generación;

La primera idea es algo bastante razonable: los inmigrantes no sólo son trabajadores, sino consumidores que incentivan ciertos mercados.

La segunda llama la atención sobre los inmigrantes que vienen a trabajar y adaptarse y los que vienen a constituirse en un grupo separado del resto de la población, y en particular habla de los musulmanes.

No hace falta que sea Jiménez-Losantos quien diga que los musulmanes raramente se integran, basta con pasearse por cualquier pueblo o barrio con una presencia relativamente importante de ellos para darse cuenta. Inmigrantes de todas las razas y culturas (no necesariamente occidentales: asiáticos, africanos animistas, etc.) suelen hacer vida común con sus convecinos, aprenden más rápidamente el idioma y se integran en la vida cotidiana de la comunidad, sin que eso signifique la renuncia a su propia cultura. Los musulmanes (principalmente marroquíes y argelinos) suelen constituir guetos muy cerrados, se autoexcluyen, no participan en la vida ciudadana. ¿Pero hacen lo mismo en todas partes?

En EEUU los musulmanes no tienen una integración distinta que el resto de minorías étnicas o culturales (chinos, italianos, irlandeses, judíos, etc.). Allí se han integrado como ciudadanos americanos sin perder su identidad cultural: lucen turbantes, hablan árabe entre ellos, tienen sus tiendas y negocios como los chinos y los italianos. La gran diferencia es que allí no ha habido el habitual papanatismo y demagogia europeos de preservar la "multiculturalidad".

A nadie se le obliga a venir a Europa o EEUU (no entro ahora en las razones de la emigración que he comentado otras veces), pero mientras en EEUU lo importante es que trabajes para pagar un alquiler, comprar un cochecito y pagar tu seguro, en Europa lo prioritario es acceder al estado del bienestar: dame casa protegida, dame sanidad, dame colegio (en mi idioma), dame ayuda familiar, y no te metas en mis costumbres, aunque vayan en contra de la ley. El proteccionismo estatal convierte a ciertos inmigrantes (no siempre muy desfavorecidos) en un nuevo grupo de presión ante cuyas exigencias los políticos no dudan en actuar como de costumbre: desviando recursos de los sectores productivos (incluidos los inmigrantes que trabajan para labrarse un futuro) a los grupos de presión gritones subvencionados.

Ante esto cabe el planteamiento de que, si desaparece tal nivel de intervención estatal, no quedará más remedio que la gente se ponga a trabajar sin depender de ayudas, y eso favorezca a la economía de todos.

Pero curiosamente unos de los que más se las dan de solidarios y progresistas se destapan (otra vez) como proteccionistas de sus muy particulares intereses, para los cuales ven la inmigración como una amenaza:

En pocs anys hem passat de 6 a quasi 7 milions. L’allau migratòria és insòlita a Europa. Des d’una estricta posició d’esquerres que propugna garantir a tothom que resideixi aquí els mateixos drets i exigir-li els mateixos deures, s’ha de denunciar que una immigració descontrolada pot posar en qüestió les bases de l’estat del benestar precari del que gaudim.

Vemos la auténtica faz de la izquierda: proteger los derechos de los que están ya aquí (¿los votantes?), pero da igual lo que pase con los que están allá.

Els mapes sanitaris i escolars que s’anaven completant amb treballs, han saltat pels aires. La congestió torna a ser moneda habitual a sanitat i ensenyament. L’atenció a la nova diversitat recau en detriment de la preocupació per la vella diversitat. I les prestacions socials no universals: ajuts, beques etc deixen d’arribar al qui fins fa poc ocupava la darrera plaça i ara ocupa la penúltima.

Lo que han saltado han sido los mapas de los planificadores, que ante la ausencia de mercados libres en esos sectores sólo pueden responder a la demanda cuando se producen las colas. Que haya gente que pierde becas y ayudas enseña que nunca habría que confiar en otros recursos que en los propios, porque cuando llega alguien más simpático a los ojos del político, allá se irán los recursos.

Toca ja doncs, que els responsables que han succeït a la desastrosa trajectòria de Garcia Valdecasas al front de la responsabilitat a Catalunya de la regulació de fluxos en prenguin nota i garanteixin moratòria, perquè puguem ser capaços de garantir els drets als qui ja han arribat.

Toca levantar una muralla que rodee a Cataluña para preservar el Pais de Nunca Jamás donde moran unos ciudadanos que a lo Peter Pan se resisten a ser mayores, trabajar y luchar por prosperar. ¿Son conscientes de que parte de la prosperidad actual se deriva de otros flujos migratorios previos, ya fuese mano de obra barata, ya fuesen divisas enviadas por los emigrantes?

Moratòria en el ritme de deslocalitzacions que passa per combatre un cert papanatisme neoliberal de tolerar competències deslleials d’importacions que ni compleixen la legalitat.

¿No tienen derecho los chinos, vietnamitas o colombianos a vender sus productos en España? Y si ellos no tienen dinero para empezar a montar sus empresas, ¿no tienen derecho a que los capitales occidentales primero vayan allí para montar empresas, crear trabajo, y cuando haya dinero se desarrollarán sus mercados internos? ¿Al señor Huguet no le parece contradictorio oponerse a las deslocalizaciones al tiempo que cientos de empresarios, incluidos los catalanes, buscan abrir allí nuevos mercados? Sólo cuando esa gente tenga un dinero con el que empezar a producir y obtener mayor riqueza es creible que se pueda vender allá. El dinero saldrá primero de las deslocalizaciones, de la venta de sus productos (baratos y cutres, tal vez, pero suyos) en nuestros mercados, y de las divisas que envíen sus compatriotas que trabajen aquí.

Una moratoria a la inmigración para prolongar la agonía de nuestro insostenible estado del bienestar, y a las deslocalizaciones para prolongar la agonía de industrias decadentes, sólo lleva a prolongar el sufrimiento de esos paises que por ahora sólo pueden aspirar a exportar mano de obra.

Dos visiones muy contrapuestas sobre la inmigración. Y podemos dar gracias al sr. Huguet por no usar esta vez argumentos culturales o lingüísticos, aunque seguro que también temen que el catalán sea suplantado por el chino.

Referencias