Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

20 de Enero 2005

Definiendo violencia doméstica

Hace unos días una joven eslovaca fue asesinada por su novio. Isabel Llinàs, directora del Institut de la Dona afirma que éste es el primer caso de violencia doméstica del año.

La señora Llinás parece olvidar el caso del ex-alcalde de Formentera, o el del empresario alemán asesinado por su ex en Andratx.

Del primero Llinás simplemente no dice nada. Del segundo, considera que no fue violencia doméstica sino un crimen pasional.

Que la violencia sea doméstica no tiene nada que ver conque las agresiones sean premeditadas o pasionales, continuadas o esporádicas, a golpes o navajazos, que se queden en agresiones o termine en muerte. De lo que va es de que en el contexto de una relación presuntamente afectiva una de las partes (o incluso las dos) actúa de forma violenta contra la otra, y decimos doméstica porque solía producirse en el domicilio común, aunque de cada vez más se produce cuando la convivencia ha cesado.

¿Acaso cree la señora Llinás que todos los maltratadores hombres actúan con premeditación y por tanto no hay nada pasional en sus crímenes? El arranque de año que hemos tenido en Baleares demuestra que la violencia no entiende ni de sexos, ni de modos, ni de lugares. El bosque de lo políticamente correcto no deja ver los árboles que son cada persona. No hay un gran complot de los hombres contra las mujeres, no hay ningún acuerdo tácito para matar a nadie si termina una relación. Hay individuos que agreden a otros por mil motivos distintos. Querer establecer categorías entre víctimas y agresores para decidir el tipo de delito cometido es una generalización completamente arbitraria. Pero por lo visto la gente disfruta poniendo etiquetas, generalizando, viendo colectivos ahí donde sólo hay acciones individuales. Y en particular a los políticos les encanta. Tener varias etiquetas preestablecidas facilita su demagogia.