Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

Diciembre 28, 2004

Hace 3500 años

En la Edad del bronce, la civilización minoica dominaba el Mediterráneo. Sus barcos llevaban el comercio y la civilización desde Egipto y Fenicia hasta el Atlántico, y es posible que algo más allá. Los antepasados de Aristóteles, Platón y Homero eran poco más que pastores nómadas cuando algo al sur de lo que sería Grecia, en Creta, una civilización sin rival en ese momento alcanzaba cotas nunca vistas de progreso cultural, social, científico y técnico. Incluso los faraones egipcios se maravillaban de los barcos cretenses, las mercancías que les portaban y la sabiduría de sus marineros. Se ha dicho que si Creta no hubiese caido, habría existido la televisión en tiempos de Jesucristo.

Algo al norte de Creta estaba la isla de Thera, en la cual se hallaba la ciudad de Akrotiri, construida en la ladera del volcán que ocupaba la isla. En algún momento hace unos 3230-3450 años, algo ocurrió: el volcán despertó.

Pero lo hizo suavemente, con ligeros temblores, avisando con humo y pequeñas erupciones de lava, de tal modo que los habitantes de Akrotiri pudieron embarcar y huir del peligro. No corrieron la suerte de las futuras Pompeya y Herculano, tomadas por sorpresa por el Vesubio.

Sin embargo, distintas fracturas provocaron que las aguas del Mediterráneo se filtrasen en la olla, cuyo cráter, inactivo durante siglos, estaba taponado. La isla se convirtió en una gigantesca olla de vapor que terminó saltando por los aires con una fuerza equivalente a unas 4.000 bombas de Hiroshima. Thera, la actual Santorini, quedó rota en tres fragmentos. Las cenizas y escorias fueron llevadas por los vientos hasta el Mediterráneo oriental, donde se convirtieron en una capa de dos metros de sedimento volcánico. La columna de humo debió de llegar hasta la estratosfera. Las cenizas incandescentes darían la vuelta al mundo, y es posible que en cualquier punto del planeta fuese escuchada, aunque fuese como un ligero rumor, la explosión. Pero eso no fue lo peor.

La explosión levantó olas gigantes que batieron el Mediterráneo de un extremo a otro. El poco profundo lecho propició que las olas se alzasen entre 60 y 100 metros sobre la superficie, y recorrieran el Mediterráneo a unos 600 Km/h. La llegada de la ola gigante provocó tremendas inundaciones en todas las costas del Mediterráneo. En Egipto, el seismo consecuencia de la explosión y el posterior tsunami produjo un curioso fenómeno: que el Mar Rojo se retirase, para luego volver violentamente las aguas en forma de ola gigante. Con menor intensidad, algo similar ocurrió en Lisboa en 1755.

Los barcos cretenses en alta mar no sufrieron daños: las olas pasaron bajo ellos, los alzaron y los bajaron, allí donde el mar era profundo no ocurrió nada. Pero sus puertos, Cnossos, la isla de Creta, recibieron de lleno el impacto de una ola tras otra, que arrasaron todo a su paso.

Creta no se recuperó jamás. Los supervivientes huyeron a todas las costas del mar, sobre todo a la de la futura Grecia, donde siglos después florecería la civilización de la que somos herederos. ¿Alguien puede imaginarse cómo sería el mundo hoy si Creta no hubiese caido? Un tsunami cambió para siempre el curso de la historia. ¿Alguien puede imaginar una fuerza más devastadora, y más incontrolable?

Comentarios

  • Escrito por sappy en: Diciembre 29, 2004 2:15 AM

    Bueno es saberlo