Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

Diciembre 28, 2004

Malos vientos (polares) para niños perdidos

A propósito del caos de estas fiestas por la ola de frío polar hay varios aspectos que comentar.

Uno: toda la vida ha habido olas de frío. Que haya habido unos años de inviernos relativamente cálidos, y que la gente se haya acostumbrado a ello, no significa que haya habido un cambio en el clima. En invierno sigue llegando menos radiación a la Tierra, este año la actividad solar ha disminuido respecto al pasado, y el invierno ha vuelto ser lo que era. Los viejos del lugar recuerdan nevadas de hace veinte años, con lo cual, lo de estos días, no ha sido nada nuevo.

Dos: la gente se ha vuelto más irresponsable. Demasiado depender de papá Estado ("ponte la bufanda, súbete la cremallera, tómate el cacao caliente..."), que cuando éste falla, todos nos volvemos pobres y desvalidos niños. Es más: niños desobedientes. "Procura llevar cadenas". ¿Para qué, si la mayoría ni sabrían ponerlas? "Es que la web de Tráfico no estaba actualizada..." ¿Acaso no ves la tele o escuchas la radio? ¿Tan lejos ha llegado la revolución digital en España que la no actualización de la web de la DGT trae tanto caos? Pobres niños, tratando de escurrir el bulto. "No ha sido culpa mia, él me dijo...".

Tres: no siempre es culpa del gobierno. Nevica, porco governo. Porco governo, sí, pero no porque nieve. Ni el actual gobierno tiene la culpa de las nevadas ni de la irresponsabilidad de la gente que se lanza a la carretera sin precaución, ni la tenía el gobierno anterior cuando las nevadas del 2001. Al César lo que es del César. ¿Que se dieron órdenes equivocadas para minimizar los perjuicios? Seguramente. Cosas de la planificación central.

Cuatro: las concesionarias se comportan como empresas públicas. Se les concede un monopolio, aunque sea temporal, para la explotación de ciertas infraestructuras, y sólo les preocupa cobrar el peaje. Realmente no se juegan nada. Aquí se verá si el estado de derecho funciona a la hora de reparar perjuicios. Si la empresa concesionaria permite acceder a una autopista privada que no está en condiciones de ser transitada, y eso ocasiona perjuicios cuantificables (averías, noches de hotel, gastos de restaurante, etc.), estará obligada a restituir ese daño patrimonial, porque el contrato implícito a la hora de cobrar el peaje es que la vía a transitar será eso, transitable. ¿Que las indemnizaciones llevan a la empresa a la quiebra? Ese es un mecanismo del mercado para guiar la gestión empresarial, y castigar a los malos empresarios. La empresa que se hiciese cargo luego de la autopista tomaría nota y se gastaría el dinero en quitanieves, o cerraría la autopista en los peajes en caso de peligro, para no terminar igual: quebrando por hacer frente a indemnizaciones por mala gestión.

Quinto: la falta de competencia en la gestión del tráfico. El monopolio de la Guardia Civil de Tráfico hace que no haya incentivos para actuar con eficiencia. No lo digo por los guardias a los que les cayó el marrón, sino por los planificadores. ¿Acaso no pueden crearse empresas que obtengan la concesión del servicio de gestión del tráfico, y más si se trata de autopista de peaje? "Su gestión en esta emergencia ha sido de pena, le rescindo el contrato". Así de sencillo. La posibilidad de perder el negocio haría más eficiente, y responsable, el servicio.

Demasiado tiempo en manos de un papá irresponsable ha convertido a los ciudadanos en pobres niños perdidos, sobre todo cuando la niñera vestida de verde no está disponible.

Comentarios

  • Escrito por Wonka en: Diciembre 28, 2004 11:06 PM

    Todos los puntos absolutamente pertinentes. Muy buen análisis. En particular, el punto sobre las concesionarias de autopistas, cuyo comportamiento monopolístico viene a subrayar que eso de los cuasi-mercados nunca acaba de salir bien.