Pelotazos en la cara
Hace dos semanas comentaba un nuevo escándalo de recalificaciones de terrenos por obra y gracia del consell insular dirigido por la liberal Mª Antonia Munar (a la que frecuentemente me encuentro en el Lizarrán tomando unas tapas, no sé si sería cuestión de darle una tarjeta de este blog y que opine).
Ahora que el ayuntamiento de Calviá ha echado atrás la operación, Munar sale con una pataleta, acusando al alcalde de haber cedido a la presión mediática.
Pero al hilo de este escándalo me gustaría comentar lo que ha sido la noticia de la semana en Mallorca: la aprobación del Plan Territorial Insular.
El debate sobre la necesidad de regular el crecimiento urbanístico se inició en 1987. En 1999 se dio un gran paso al aprobarse las DOT, las Directrices de Ordenación Territorial, que narraban cómo debían crecer los núcleos habitados (de forma concéntrica), y dónde podían construirse los nuevos (no a más de 500 m de uno ya existente), entre un montón más de directrices.
El PTI lo que hace es trasladar sobre los planos lo que dicen las DOT. El plan lógicamente tiene repercusiones sobre un montón de aspectos. Fija límites de población, porque evidentemente las normas indican cuanta gente puede vivir en una casa. Dirige el crecimiento económico, ya que junto con la población van comercios y servicios. Dirige las inversiones en infraestructuras: carreteras, agua, electricidad, comunicaciones... con la paradoja de que a veces estos factores no se tienen en cuenta (por ejemplo, la limitación energética porque no se dejan construir nuevas centrales o se ponen pegas para la interconexión con cable o gaseoducto, o de los recursos hídricos, porque no hay sitio para hacer embalses, muchos pozos están salinizados o las desaladoras consumen mucha electricidad, lo que nos devuelve al punto anterior). La planificación afecta también a los servicios sanitarios, a la educación (dónde construir colegios, institutos, incluso facultades), al llamado equipamiento urbano (como parques, etc.). Y todo ello sin consultar para nada con la ciudadanía. Semejantes planificaciones recuerdan a la descolonización, con fronteras trazadas sobre mapas sin conocer la realidad del entorno y de las personas que lo habitan.
En cuanto los políticos han recaudado (votos e impuestos), sacan cuchillo y pala para repartir territorio y pastel. Y aunque alguna que otra vez los pelotazos les terminen pegando en los morros, la mayor parte de las veces nos los dan a nosotros en los h**v*s.











