Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

1 de Diciembre 2004

¿Govern intervencionista o liberal?

Ayer en El Mundo-El Día de Baleares apareció un artículo de Antonio Alemany en respuesta a otro de Sebastià Verd en Diario de Mallorca, donde comentan si el actual gobierno de Baleares es más o menos intervencionista o liberal.

Sebastià Verd recuerda qué decía el PP cuando era oposición contra el pacto de izquierdas (lo mantengo en el catalán porque ahora mismo no me da tiempo de traducirlo todo, espero que se entienda):

el president del PP balear intervingué davant el congrés amb una rondalla on va fer una crítica ferotge al Pacte de Progrés, al qual responsabilitzà de tot els mals que anaven apareixent a l´horitzó. Acusà l´anterior executiu de ser intervencionista i d´imposar-se a la voluntat dels illencs (ecotaxa, parcs naturals, carreteres...) obviant la necessitat de canvis estructurals i la manca de recursos financers per dur-los a terme

Bien hasta aquí. El anterior gobierno efectivamente creó un impuesto de dudosa finalidad, la ecotasa, cuya recaudación fue usada por ejemplo en la adquisición de inmuebles a precios muy por encima del mercado. También agredió la propiedad privada al entrometerse en lo que se podía hacer y lo que no en una finca que quedase dentro de un arbitrario parque natural. Desdeñó el Plan de Carreteras negociado por Matas en su anterior legislatura, y efectivamente no disponía de recursos para acometer muchas de sus reformas sociales (el actual ejecutivo se encontró muchas facturas sin pagar y muchas partidas no presupuestadas).

El problema és que el Govern és avui més intervencionista que mai. Per bé o per mal, hipoteca el futur sense un debat previ sobre les conseqüències d´una nova política desenvolupista. Anul·là l´ecotaxa i les lleis proteccionistes per a la naturalesa, afavorint una nova legislació que, diuen, es fonamenta en el voluntarisme i no en la imposició.

Aquí comienza a desbarrar un poco. Afirma que se es intervencionista por anular la ecotasa y las leyes proteccionistas y confiar en el voluntarismo y no en la imposición. Pues claro que esto es no intervencionismo. Cada uno en su propiedad hace lo que le venga en gana, siempre que no agreda las propiedades ajenas.

Una mesura que també s´aplica a l´ensenyament i l´ús de la llengua. Res d´imposicions, diuen i, no obstant, des del Consolat de Mar s´afavoreix una situació que, en la pràctica, impedeix defensar-se a aquells que volen preservar la identitat del país i cohesionar la societat a través d´un projecte social que vagi més enllà del mercantilisme que ha estat l´únic paraigües ideològic dels conservadors illencs durant tres llargues dècades.

Se queja de que tal voluntarismo también se aplique en la enseñanza y el uso del idioma. El señor Verd ignora que ambos conceptos entran en el ámbito de lo privado, tanto los conocimientos que uno vaya a adquirir como el idioma en que lo haga. Su afán colectivista queda patente al aludir a la identidad del pais y la cohesión social.

Després de l´únic parèntesi progressista, el president Matas inicià l´actual legislatura amb un discurs ideològic, amb un forta càrrega liberal. Avui, devuit mesos després, el PP i el president poden observar, a través del mirall, que la seva política no reflecteix el liberalisme promès o que, si més no, l´han limitat única i exclusivament a l´economia.

Creo que el señor Verd no tiene muy claro qué es el liberalismo, pues precisamente el actual gobierno se ha cansado de meter las manazas en temas económicos como los descuentos aéreos, los horarios comerciales, etc.

Les promeses de reestructuració del sector més important de les Illes, el turisme, queden de moment en simples promeses, mentre que les obres públiques estan capgirant el mapa territorial sense haver-ne previst les conseqüències. I això, es miri per on es miri, es intervencionisme d´allò més pur i dur, però amb interessos molt conjunturals.

El sector más importante de las Baleares es, evidentemente, el turismo, y precisamente por su importancia debería quedar fuera de las manazas políticas. Donde sí tiene razón es en el tema de obras públicas, que como todo lo público frecuentemente no obedece a criterios de utilidad ni eficiencia, sino oportunismo político y satisfacción de intereses de grupos de presión.

Precisamente es por este flanco por donde Alemany ataca en su artículo el de Verd:

Ayer publicaba un artículo en el que sostenía que, bajo la apariencia liberal, este Govern era el más intervencionista de los que han pasado por el Consulado del Mar y apoyaba su tesis en el activismo que muestra Matas en materia de inversiones en obras públicas. Este intervencionismo chocaba, a juicio de Verd, con las proclamas liberales que hace el President.

[...]

Creo que confunde los planos, Verd. Sólo una caricatura de lo liberal -caricatura habitualmente interesada y nada inocente- lo sitúa en contra del Estado, lo cual es falso. El Estado, para los liberales, tiene unas funciones importantes, las suyas, no las de la sociedad. Y una de estas funciones es dotar a las sociedades de unas infraestructuras modernas y eficientes.

Alto. Volvamos sobre las negritas (mias): una de estas funciones es dotar a las sociedades de unas infraestructuras modernas y eficientes. ¿Quién determina lo que es moderno y eficiente? La modernidad puede atender a criterios de novedad tecnológica, pero no siempre lo más moderno es lo más adecuado ni eficiente para un caso concreto. Unas infraestructuras públicas casi invariablemente parten de un modelo de planificación central que suele plasmarse en los medios de transporte: carreteras, trenes, puertos o aeropuertos se construyen para dirigir hacia ciertas regiones determinadas industrias o servicios. Al construirse una autopista suelen florecer polígonos industriales o grandes áreas de servicios. La proximidad de un puerto favorecerá la presencia de industria pesada. Un aeropuerto incentivará la llegada de turistas. Una infraestructura de telecomunicaciones, la implantación de empresas de alta tecnología. ¿Pero tiene que ser el gobierno quien decida qué industria debe instalarse en determinado lugar, y qué infraestructuras requiere?

Alemany en su artículo afirma que intervenir sería practicar ingenierias societarias y económicas, y eso es lo que se logra a la vista de los ejemplos anteriores. Por otro lado las obras públicas requieren de cuantiosas inversiones que procederán de los impuestos, los cuales a su vez son la mayor muestra de ingeniería económica: para crearlos, cobrarlos, gestionarlos y eludirlos.

Un derecho básico, inherente al ser humano, es el de la propiedad, que una y otra vez es violentado en cuanto el gobierno se pone el traje de ingeniero y empieza a planificar infraestructuras. Las expropiaciones son un robo legalizado. Aunque te ofrezcan el peso de tu finca en oro, si no quieres venderla y te la arrebatan es un robo, aunque sea con la excusa del interés general, que es invocado tanto desde la izquierda como desde la derecha, social-socialistas y social-conservadores, estatalistas todos.

Supongamos que una persona tiene una finquita de 2.000 m2 que será expropiada para la construcción de una autopista por la que transitarán 50.000 vehículos diarios. Podemos decir que se perjudica a una persona para beneficiar a 100.000 ó 150.000, más o menos, y algunos pensarán que eso sí vale la pena. Pero en lugar de la autopista podría ser una carretera secundaria por la que sólo pasarán 5.000 vehículos al día. Hummm... a lo mejor ya no vale tanto la pena, pero siguen siendo miles de personas. Pero también podría ser que le expropiasen media finca, y partiéndola en dos, para una simple carretera vecinal de 500 vehículos diarios que comunica un pueblo con una urbanización. O incluso podría tratarse sólo de un triste camino rural para que 500 personas cada fin de semana puedan ir en sus todoterreno a zonas de acampada, y que puedan pasar los camiones de bomberos por si una hoguera se descontrola y comienza un incendio. Al dueño de la finca lo único que le importa es que le han arrebatado su propiedad sin importar realmente si quería o no venderla.

Esto ha sido intervencionismo de la peor especie. Y todo esto está claro que la izquierda socialista y comunista lo hace a mansalva, y cosas peores, pero la derecha clásica tampoco se libra.

Al señor Alemany habría que decirle que sí hay liberales que en último término estamos contra el estado, porque creemos que la sociedad libremente puede proveerse de todo aquello que realmente necesita, incluidas las grandes y faraónicas obras públicas.