Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

11 de Octubre 2004

Rouco, Reeve, riñón, médula y células

El pasado jueves fue intervenido quirúrjicamente el arzobispo de Madrid, Rouco Varela.

El sr. Rouco Varela ha podido beneficiarse de los avances de la medicina moderna, algunos de los cuales no siempre han gozado del beneplácito de su iglesia. A Miguel Servet el estudio de cadáveres, gracias a lo cual descubrió el mecanismo de la circulación pulmonar de la sangre, le costó la hoguera.

No deja de ser paradójico que la institución guardiana del conocimiento durante la Edad Media en iglesias y monasterios tuviese semejante actitud ante la investigación científica.

En el siglo XXI, tanto las viejas religiones como las nuevas (como el ecologismo) siguen con sus tabúes acerca de la investigación científica. La prohibición del DDT, las trabas a los alimentos transgénicos o la moratoria nuclear son claros ejemplos. Y el por ahora último: el intento de prohibir a nivel mundial la investigación con células madre embrionarias.

El debate sobre el uso de células madre adultas o embrionarias es un debate científico. Mejor dicho, debería ser un debate científico. Sin embargo, se ha llevado el asunto hasta las creencias personales: si una amalgama de células, incluso si un óvulo recién fecundado y descartado en un proceso de fecundación in vitro es un ser humano, y por tanto poseedor de derechos.

Cuando se discute sobre el aborto se suele alegar que la vida humana comienza en el momento de la fecundación, y eso es cierto: hay un ADN diferenciado, y un ser vivo creciendo. La cuestión es si ese ser vivo tiene derechos. En varios debates he dejado clara mi postura: ese ser aún no es humano, porque no ha llegado a un estado de desarrollo en el que disponga de los órganos donde residen las diferentes características humanas. Hemos discutido de plazos: 12, 14, 20 semanas... Pero aquí no buscamos una frontera tan nítida. Se trata sólo de un conjunto de células con ADN humano, pero sin características aún de persona, de individuo poseedor de derechos. ¿Un grupo de células se poseen a sí mismas? ¿Sienten, perciben, lo que les ocurra en este estado marcará su evolución como persona? Estamos hablando sólo de un grupo de células.

Cada equipo científico puede tener sus propios prejuicios: los habrá que crean que ese grupo de células es un ser humano, incluso con alma, y que investigar con él para luego destruirlo es un crimen. Es su prejuicio y su conciencia. También se creía que los cadáveres debían dejarse intactos para el día de la resurrección de la carne, pero algunos científicos ignoraron ese prejuicio religioso, se desarrolló la medicina interna, y hoy Rouco Varela ha sido dado de alta. Cristopher Reeve ya no tendrá esa oportunidad.

Prohibir, como se pretende, desde la ONU la investigación a nivel mundial con células madre embrionarias, y la clonación terapéutica, es como si a principios del siglo XX se hubiese vetado la investigación con hongos porque son seres vivos, habiéndonos perdido la penicilina. O que se prohibiese la experimentación médica con animales. ¿Alguien se imagina si los medicamentos se probasen primero en cobayas humanos? Y hay importantes grupos de presión defendiendo los derechos de los animales. Los mismos derechos que puedan tener esos grupos de células con los que se pretende investigar.

Desde Juventudes Liberales hacemos un llamamiento contra tal prohibición, e invitamos a firmar el manifiesto del Partido Radical en defensa de la libertad de investigación científica.

Ni los políticos ni los líderes religiosos deben elegir el curso de la investigación científica, y menos cuando tantas vidas dependen de ello. El conocimiento es libre. La investigación también debe serlo.