Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

8 de Octubre 2004

Libertad de aprendizaje

Hace tiempo, mucho tiempo, hace la friolera de tres meses, Manel nos propuso un juego: si estuviera en vuestra mano llevar a cabo una reforma de carácter liberal para España, ¿cuál escogeríais?

El asunto de la educación fue uno de los fundamentales: la libertad de enseñanza. Actualmente el énfasis se pone en la libertad de cátedra, pero olvidándose por completo al sujeto principal: el alumno, y la libertad de poder elegir el tipo de educación que prefiera, o que al menos puedan hacerlo sus padres.

En Juventudes Liberales apostamos por la privatización de la enseñanza, empezando con el cheque escolar, hasta progresivamente retirar al estado de la financiación y gestión del sistema educativo.

Las escandalosas cifras de gasto público por alumno están extraídas directamente de estadísticas del Ministerio de Educación y Ciencia para el presente curso:

Durante el presente curso 2004-05, el gasto total en educación en España ha sido de 42.828'8 millones de euros para un total de 8.430.939 alumnos en todos los ciclos formativos. Esto resulta la friolera de 5.079 euros por alumno. Si consideramos sólo el gasto público procedente del dinero de los contribuyentes hablamos de 34.958'5 millones de euros: 4.146 euros por alumno.

En este artículo de Felipe-José de Vicente Algueró, vicepresidente de la Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto, se analizan también los costes del actual sistema educativo, comparándolos con otros paises de la OCDE, añadiendo más datos que desmienten la insaciable necesidad de recursos que aparentemente necesitaría una enseñanza de calidad:

El gasto en educación no significa automáticamente mejores resultados escolares. Si comparamos los datos de gasto por alumno con los datos PISA, que compara los resultados de una prueba entre los estados de la OCDE de comprensión lectora, matemáticas y ciencias entre alumnos de 15 años, observamos que no siempre más gasto equivale a más calidad. Por ejemplo, Corea tiene un gasto por alumno bastante menor que España, pero está el primero en ciencias y el segundo en matemáticas, mientras que España se encuentra en la banda baja de la tabla. Irlanda, cuyo gasto por alumno es algo inferior al español, supera en los tres indicadores a España. Japón, que gasta menos que Suiza, supera también a este país en conocimientos.

El origen del problema está claro: empecinarse en el modelo de escuela comprensiva, que no separa a los alumnos por capacidades o intereses, sino que obliga a la igualdad. Una igualdad que termina siendo hacia la ignorancia. Este artículo (resumido) de José Luis García Garrido, catedrático de Educación Comparada en la UNED, apunta las principales claves:

El término y el concepto de "escuela comprensiva" se fraguan en el Reino Unido a mitad del siglo XX. Hasta entonces, la enseñanza secundaria británica canalizaba a los niños a partir de los 11 años hacia tres modalidades de enseñanza: la escuela que preparaba para los estudios superiores, la orientada hacia el mundo del trabajo y una tercera que era una simbiosis entre ambas. El prestigio de la primera ("grammar school") hizo que pronto las otras modalidades se vieran como la escuela de los pobres y los menos dotados. Frente a esto surgió en sectores del partido laborista la idea de la escuela comprensiva ("comprehensive school"): "escuela secundaria destinada a proporcionar toda la educación secundaria a todos los niños en una área determinada, sin una organización en tres secciones".

Este sistema, experimentado primero en el Reino Unido en los años 70 y rápidamente extendido al resto de Europa se basa en tres puntos principales: escuela única (no separar por instituciones educativas), clases heterogéneas (no separar por capacidad, nivel, interés o integración social) y comprensividad (programa educativo único). Lo perverso de este sistema no es sólo que sea absurdo, sino que no deje resquicios para huir de él. El poder del estado es tal que ha logrado imponer un único modelo educativo para toda la sociedad, se esté de acuerdo o no.

Para colmo, en España se aprueba la LOGSE cuando el resto de Europa y el mundo ya está de vuelta de la escuela integradora:

"La LOGSE fue la única reforma de su época (1990) elaborada acogiendo el 'principio de integración' como gozne central organizativo y pedagógico de la educación secundaria, es decir, acrecentando la importancia que ya le había conferido la LGE veinte años antes. Cuando ya gran parte de la sociedad española había aceptado el criterio de igualdad introducido desde los 70, pero también reparado en los defectos del igualitarismo en los planes de estudio, la reforma promovida por el gobierno socialista vino a reavivar la polémica y a introducir nuevas dosis de enseñanza integrada (...). La LOGSE nació ya vieja en 1990".

En este estudio de la fundación La Caixa (La familia española ante la educación de sus hijos, de Víctor Pérez-Díaz, Juan Carlos Rodríguez y Leonardo Sánchez Ferrer), además de poder seguir el desarrollo del actual sistema de financiación de la enseñanza en España, se analiza el cheque escolar:

El concepto de cheque escolar ha alcanzado una notable popularidad en el debate educativo público de los últimos veinte años, sobre todo en los Estados Unidos, donde ha dado lugar a diversas iniciativas políticas que han ocasionado grandes polémicas. El cheque escolar, en esencia, consiste en asignar a la familia de cada niño en edad escolar una cantidad de dinero que
aquella puede emplear en matricular a su hijo en la escuela de su elección.
[...]
En lugar de proporcionar el dinero a las instituciones educativas, se les da directamente a las familias para que éstas acudan al centro educativo que deseen.
[...]
La idea del cheque escolar tiene una larga historia, con antecedentes en la obra de Thomas Paine y de John Stuart Mill. En su versión moderna, fue planteada por primera vez en 1955 por Milton Friedman, en su ensayo
El papel del gobierno en la educación, y posteriormente reelaborada por él mismo (Friedman, 1962: 85-98) y por Friedrich von Hayek (1960: cap. 24), convirtiéndose ambas en las formulaciones clásicas del concepto. En el pensamiento de Hayek, la discusión del cheque escolar se sitúa dentro de una consideración más general acerca de la conveniencia de aportar fondos públicos a la educación, pero siempre a condición de que se haga de modo que no se ponga en peligro el funcionamiento mismo del orden de libertad. Para ello, Hayek insiste en la importancia del criterio de que el estado no pretenda asumir el monopolio de la educación, y en la conveniencia de que el estado garantice la máxima diversidad de las ofertas educativas.
Ambos, Friedman y Hayek, tratan de establecer qué fórmula de escolarización es más acorde con un sistema social que garantice el máximo de libertad a los individuos y produzca la máxima eficacia social, medida en términos de satisfacción de dichos individuos. Admiten que la educación básica
puede establecerse con carácter obligatorio y ser financiada por el estado, porque de ello se derivan importantes beneficios para el conjunto de la sociedad. Como dice Friedman, una sociedad estable y democrática no es posible sin un cierto grado de alfabetización y conocimientos por parte del conjunto de los ciudadanos y sin la amplia aceptación de un determinado conjunto de valores compartidos. La educación contribuye a crear esos bienes comunes y por ello se justifica la intervención del estado. Sin embargo, ambos consideran mucho más discutible que la enseñanza deba estar organizada directamente por el poder público. Hayek alerta del peligro de que con un sistema público de enseñanza, grupos de burócratas o expertos al servicio de la administración impongan en aras del interés general sus propios valores y creencias a la población en general. Para ambos es preferible que haya una amplia pluralidad de escuelas que satisfaga las distintas preferencias de cada familia (de hecho, Friedman habla de la «desnacionalización» de la
escuela).
[...]
La idea del cheque escolar originó un intenso debate público en Estados Unidos y Gran Bretaña ya en los años sesenta. Los primeros intentos de diseñar políticas basadas en dicha idea también datan de entonces, pero se hicieron con un planteamiento distinto del que había inspirado a Friedman y Hayek, y mucho más modesto que el suyo. En 1969, la Agencia de Oportunidades Educativas de Estados Unidos encargó al sociólogo Christopher Jencks un experimento de cheque escolar. Éste diseñó un cheque escolar «propobres». Los cheques tendrían una finalidad compensatoria, la de proporcionar a niños procedentes de barrios deprimidos la oportunidad de estudiar en escuelas de mejor calidad situadas en barrios de clase media. La asignación
de dichos cheques, en caso de que hubiera exceso de demanda, se haría por sorteo.

Este sistema de sorteo es el que se ha usado, por ejemplo, en Washington DC. En el Heartland Institute han defendido el cheque escolar como la mejor opción para implementar la libertad de elección del tipo de enseñanza. Uno de los principales objetos de polémica era si mediante cheques podía elegirse o no un colegio religioso. Los contrarios a tal medida alegaban que esto atentaría contra la primera enmienda ("El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado"), pero una sentencia del tribunal supremo ha despejado tal posibilidad:

On Thursday, June 27, the U.S. Supreme Court upheld a tax-funded voucher program allowing children in Cleveland, Ohio to attend private--even religious--schools. The decision in Zelman v. Simmons-Harris was hailed as one of the most important decisions in the history of U.S. public education. Many other communities and states are now expected to follow Cleveland's lead. School vouchers are about to spread across the country!

Al recaer la elección en los padres estado e iglesia (cualquier iglesia o religión, incluso la opción laica) quedan separados.

En España apenas ha habido debate sobre el cheque escolar:

Las escasas voces defensoras del sistema de cheques escolares en España no han sido capaces de transmitir las posibles ventajas que para el conjunto de la sociedad podría aportar el sistema que ellos proponen, utilizando los argumentos de los expertos. La imagen que predomina de los
defensores del cheque escolar es que simplemente defienden posturas egoístas, como titulares de empresas privadas de educación que quieren asegurarse la continuidad y viabilidad de su empresa y, también, como defensores de privilegios de las clases acomodadas que tienen oportunidad de acudir a los centros privados y que se verían beneficiadas por medidas de reembolso de
los costes de la matrícula en centros privados. Parece difícil romper esa imagen y transmitir la idea de que una medida así se ha planteado en otros países (de manera polémica, por supuesto) como algo beneficioso para las familias de extracción social más modesta, al permitirles optar por centros a los que nunca podrían ir sin el cheque escolar. Lo cierto es que el cheque
escolar, independientemente de los efectos más o menos beneficiosos que pueda tener sobre el rendimiento y la calidad del sistema educativo, es un sistema que puede defenderse con el argumento de que verdaderamente proporciona un mayor margen de libertad de elección a las familias (especialmente a las que poseen menos ingresos), por encima del actual sistema de
subvenciones, que se limita a aquellos centros que han llegado a acuerdos previos con la administración educativa.

En uno de mis primeros posts ya mencionaba todo este asunto y me preguntaba ¿dónde podemos votar a unos tios que nos propongan esto? Ahora ya lo sabemos.