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Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

1 de Octubre 2004

Matrimonio entre homosexuales: a ver si será verdad

Parece que por fin el gobierno va a hacer algo bien:

El Gobierno aprueba el derecho al matrimonio de los homosexuales

El Consejo de Ministros ha aprobado el anteproyecto de ley por el que se modifica el Código Civil para legalizar el matrimonio entre homosexuales equiparando en todos sus derechos a los de los heterosexuales.

La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, ha manifestado en la rueda de prensa posterior a la reunión que "más de 50 estudios" coinciden en que los niños que crecen en casas con padres homosexuales no ofrecen diferencias respecto a los que lo hacen en familias heterosexuales. Además, subrayó que "ya hay miles de niños que viven con padres homosexuales".

Tras referirse a los estudios que no observan diferencias respecto a los niños, la también portavoz del Gobierno dijo: "No hay pruebas de que los padres homosexuales eduquen peor a sus hijos; en la adopción debe primar el bienestar del niño con independencia de la orientación sexual de los padres".

Aquí mismo ya comenté dos veces este asunto. Las opiniones de expertos defenderían la no inconveniencia a priori de que una pareja homosexual adopte. Es más, de la Vega por una vez habla con sentido común al remarcar que debe primar el bienestar del niño, y eso sólo puede estudiarse caso por caso. Vamos, que supongo que no se establecerán cuotas del estilo uno de 20 niños tiene que ser adoptado por homosexuales.

Por otra parte, la reforma legal no suena a estropicio del estilo de la ley contra la violencia de género. De hecho, el código civil no establece categóricamente que el matrimonio sea entre hombre y mujer, sino que siempre habla de "marido y mujer", pero revisando el capítulo II del Título IV no aparece como requisito previo que los contrayentes tengan distinto sexo. Sólo habrá que retocar la redacción de varios artículos. Se trata de devolver derechos arrebatados previamente por una legislación restrictiva, no conceder nuevos derechos.

Lógicamente, hay voces en contra:

La reforma que va a hacer posible el matrimonio de los homosexuales y que estos adopten niños, aprobada hoy por el Consejo de Ministros, no constituye un avance de los derechos civiles. Esta reforma supone la institucionalización jurídica de una profunda transformación cultural que tiende en Occidente a suprimir el valor de la diferencia sexual.

Pues para mí sí constituye un avance por lo dicho: es recuperar un derecho arrebatado por la legislación. El valor de la diferencia sexual, que me lo expliquen. El principal valor es la reproducción y perpetuación de la especie, pero la legislación no atenta contra ello.

La homosexualidad ha sido un fenómeno presente en todas las épocas. Hubo momentos, como la Grecia clásica, en los estuvo muy extendida. Pero nunca hasta ahora los poderes públicos, presionados por potentes lobbys, habían llegado a modificar una institución como el matrimonio para hacerla accesible a aquellos que renuncian a la diferencia sexual y a la fecundidad que de ella se deriva.

Al menos no lo perciben como un fenómeno moderno. Lo que está claro es que se confunde la fuente de la presión: el lobby rosa no creo que sea más poderoso que la conferencia episcopal. Y tampoco entienden que la renuncia a la diferencia sexual no es una elección deliberada, sino un hecho natural. Y a la fecundidad también pueden renunciar voluntariamente los heterosexuales: que se lo pregunten a las hermanas De Palacio.

Con esta reforma el Gobierno formaliza jurídicamente y magnifica una de las mayores falsedades que ha generado cierta cultura contemporánea. La falsedad de que la heterosexualidad, la homosexualidad y la transexualidad son opciones que tiene el individuo y que puede cambiar a su voluntad a lo largo de su vida. El matrimonio homosexual es una gran conquista para esta mentalidad que convierte el sexo en una opción que depende de cada individuo, y de esta forma lo lleva a su destrucción.

Uyuyuy, qué apocalípticos... La opción sexual no es voluntaria, y de ahí la importancia de no discriminar en base a eso. No es una elección libre sujeta a la responsabilidad, se es de una forma o se es de otra. Mezclar a los transexuales sólo son ganas de liar el debate. Si la ciencia permite adaptar el cuerpo a la tendencia sexual de cada uno, y el uno puede pagárselo adelante. Esa sí es una opción libre, y posiblemente liberadora para la persona. Como si se quiere implantar dos penes...

Esta reforma es una buena ocasión para defender el significado de la sexualidad. Una buena ocasión para defender que haber nacido hombre o mujer, sexualmente diferente, es una fuente inmensa de riqueza humana. La diferencia sexual permite la donación a otro que no eres tú mismo y una misteriosa fecundidad que alcanza una de sus máximas expresiones en los hijos. Así pues, viva la sexualidad, viva la diferencia.

¿¿¿¿???? Viva la sexualidad, viva la diferencia. ¿Se nos está incitando a la bisexualidad, para no renunciar a nada? Siempre he pensado que si eres hetero u homo te estás perdiendo la mitad de la diversión. A ver si la COPE nos va a abrir los ojos...

Otra voz en contra, pero legal, no moral, es la de José Manuel Suárez Robledano, de la Asociación Profesional de la Magistratura:

Suárez Robledano explicó a Europa Press que la Constitución Española, cuando habla de derechos, utiliza en todo momento los términos "los españoles" o "todos", con excepción del artículo 32, en el que establece específicamente el derecho de "el hombre y la mujer" a contraer matrimonio.

Puede interpretarse también como que tanto hombre como mujer son iguales en lo referente al matrimonio, no como en el pasado, cuando la mujer quedaba sujeta en gran parte al marido. Dicha redacción del artículo reforzaría la lucha contra matrimonios pactados, normalmente contrarios a la voluntad de la mujer.

Buen apunte es el de Edmundo Rodríguez Achutegui, de Jueces para la Democracia, al afirmar que que el matrimonio no es lo que ha mantenido durante mucho tiempo la Iglesia y determinados sectores, como unión de dos personas para la procreación, sino lo que las leyes digan que es.

Yo ya escribí hace tiempo que mi concepción del matrimonio es la asociación de dos (o incluso más) personas con fines afectivos, acompañada de una serie de garantías pactadas, y su inclusión en un registro a efectos de publicidad. Ni el sexo, ni el número, de los contrayentes tiene que ser condición excluyente para constituir tal asociación, y mucho menos las condiciones tienen que ser fijadas por el estado.