Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

21 de Septiembre 2004

Nuevo curso político...

con temas que ya resultan viejos.

En la primera sesión la oposición ataca de nuevo con el caso Rasputín (tratado aquí, aquí, y aquí). Una vez más, la doble moral de la izquierda. Si una relación sexual ha sido consentida (supuesto que haya existido, me da igual lo que hagan los consellers con sus partes íntimas), ¿qué más da si de por medio ha habido sábanas de raso, medias de seda, esposas o dinero?

Mientras, la zarina Margarita Nájera se defiende de la acusación de (ab)uso indebido de la VISA del ayuntamiento diciendo que el dinero no lo usó en su propio beneficio. Lo que es seguro es que no fue en beneficio del contribuyente que compró ropa y complementos de marca, o se dio una vuelta en helicóptro por Nueva York.

Y parece que su correligionario Celestí Alomar, que fuera conseller de turismo de infausta memoria, también tuvo cierta afición a tirar de las cuentas públicas para sus asuntos pivados. Celestí Alomar también es recordado por sus amenazas a un contertulio del PP:

Los populares denunciaron así el incidente protagonizado el miércoles por el ex conseller socialista de Turismo tras una tertulia radiofónica, cuando llamó «niñato y macaco de mierda» al portavoz del PP en el Consell, Fernando Rubio, y le amenazó con «pegarle dos hostias».

Y todos estos personajes siguen formando parte del panorama político balear. Flaquer, en el sillón de conseller; Alomar, en un escaño de la oposición; y Nájera, en el banquillo de los acusados. Las sillas han cambiado algo, pero los culos son los mismos. Y los que pagan sillas y culos, también.