Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

14 de Septiembre 2004

¡No me la quitarán mientras viva! (mi hamburguesa)

Después de la cruzada antitabaco, el nuevo objetivo de los políticamente correctos es la cómida rápida, a la que tanto gustan de llamar comida basura.

En el Heartland Insitute podemos leer un artículo que trata ambos temas. Primero la política de estado niñera en relación al tabaco:

For Your Own Good: The Anti-Smoking Crusade and the Tyranny of Public Health, by Jacob Sullum, is a good stabilizer for minds spinning from all the contradictory messages the U.S. federal and state governments are sending regarding tobacco and smoking. As an added bonus, a four-page appendix lists and demolishes 10 myths of the anti-smoking movement.

Y luego, cómo los cruzados antitabaco se han fijado como objetivo la comida rápida:

For those new to the antics of attorney John Banzhaf, who is attempting to derail the fast food industry through personal injury lawsuits, Sullum recounts Banzhaf's rise to prominence as an anti-tobacco crusader beginning in the 1970s.

Es interesante la apreciación sobre cómo la prohibición de ciertos comportamientos los hace más apetecibles, lográndose un efecto contrario al deseado:

Sullum notes that when the ability to make a choice is removed, the target behavior becomes more desired--especially for teens and other relatively rebellious individuals.

Esto ya se vio durante la Prohibición, en los años 20, cuando gente que no había bebido en su vida se volvió alcohólica. Además se produce el efecto perverso de trasladar las consecuencias de decisiones individuales a una responsabilidad colectiva:

Shifting the cost burden of choices onto groups rather than individuals (through taxes, higher insurance premiums, and regulations that collectivize health care) actually diminishes the negative consequences of poor choices on the individuals who make them.

Y esto lo veremos también en la nueva obsesión contra la comida rápida para evitar la obesidad, por nuestro bien:

Anyone seeking a vision of what "junk food" legislation and public health proposals for dealing with the "obesity crisis" are likely to bring will find Sullum's book to be of great value. One need not be a smoker to appreciate the importance of the anti-tobacco crusade as a precedent for public health interference in personal behavior that is clearly not for our own good.

Porque lo que se pierde de vista en el bosque de las buenas intenciones es que siempre, tanto en el caso del tabaco como de la comida rápida, hay una decisión individual a la hora de encender un cigarrillo o meterse un Whoper o BigMac entre pecho y espalda. Como muy bien apuntaba ayer Johan Norberg, nadie te ha obligado a hacerlo:

I saw Morgan Spurlock’s documentary Super Size Me yesterday – the famous film about the daring month-long experiment to eat only the worst things from the McDonald’s menu.
[...]
It actually comes close to saying that the problem is that McDonald’s exist. But why is there a demand for McDonald’s? [...] You don’t have to pick the worst things from the menu every day (and if you pick the best, McDonald’s can actually downsize you).

Y a través del mismo post, no perderse esta comparativa sobre las diferencias que puede haber eligiendo unos menús u otros, además de hacer un ejercicio moderado. Me quedo particularmente con el hecho de que se pueden perder 18 libras (algo más de 8 Kg) comiendo sólo en McDonald's. Habrá que probarlo...