Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

25 de Agosto 2004

Residencia privada en suelo público

Curiosa noticia local, ayer en El Mundo:

Un inmigrante de Mali instala su 'residencia' en un banco de la plaza Ramon Llull

Asegura ser «feliz» y se niega a dejar la vía pública porque «es de todos» - Gana pidiendo limosna alrededor de 1.200 euros al mes

El Ayuntamiento de Manacor se enfrenta a una de las situaciones más problemáticas de la sociedad actual: los indigentes.

Zangue Traore de 34 años de edad y natural de Mali lleva instalado más de dos meses en uno de los bancos de la plaza Ramon Llull. Traore asegura que no quiere irse de allí por nada del mundo porque además «la plaza es de todos y no hace mal a nadie».

Parte de razón no le falta: realmente la plaza es "de todos", porque la perversión de las propiedades públicas es que son de todos, las hayan pagado o no, contribuyan a su mantenimiento o no.

los servicios de limpieza del Ayuntamiento se ven obligados a desinfectar la zona cada semana y a pesar de que le quitan la ropa vieja vecinos anónimos vuelven a llevarle prendas de vestir para que no le falte de nada.

Aquí vemos un hecho bueno y otro malo. El malo es causar un problema de salud pública que obliga a la desinfección de la zona. El bueno, que la caridad privada funciona sin necesidad de instituciones públicas de dudosa utilidad. Es más:

Traore ha rechazado un sueldo del Consell de 319 euros mensuales por unas colaboraciones en la Fundación Deixalles, también ropa y comida de la Cruz Roja, y cama en el albergue de transeúntes de Manacor.

Tampoco ha aceptado un programa de integración a través de un convenio con el Gobierno. A cambio permanece desde hace 72 días en un banco como compañero que le garantiza según él «la felicidad».

Así me gusta, que desconfíe del gobierno. Sin embargo, la caridad tiene un efecto perverso:

El ciudadano de Mali no quiere ningún trabajo, ni abandonar el país y ningún tipo de seguridad. Según el Ayuntamiento se acoge a la caridad que le dan día a día los vecinos y visitantes, tanto en dinero en efectivo como ropa y útiles de primera necesidad. Se estima que este joven podría disponer mensualmente de más de 1.200 euros de los cuales envía a su familia un 80%.

Pues sí que se saca pasta con la caridad. Y el hecho de que envíe casi todo el dinero a su familia dice bastante en su favor como persona. La cuestión sería ¿si su familia pudiese venir a España, se trataría de ganar la vida de una forma normal, o seguiría viviendo de la mendicidad?

Pero vamos, que si viviendo tranquilamente en la calle de lo que le dan los vecinos no se tiene aliciente para buscar un trabajo normal, ¿qué aliciente va a haber cuando se disfruta de subsidios, ayudas familiares y pisos del IBAVI regalados o con un alquiler de risa? Y todo ello pagado por los contribuyentes que ganan los 1200 € al mes trabajando 8, 10, 12 horas al día, y sin estar tumbados en ningún banco.