Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

14 de Julio 2004

La Visa de la zarina

Ayer comentaba los gastos de la ex-alcaldesa socialista de Calviá, Margarita Nájera, realizados con la Visa del ayuntamiento. Ya hay una explicación a parte de tales gastos:

Manchado: «Nájera perdió su visa en Nueva York y por eso utilizó la municipal»

El delfín de la ex alcaldesa reconoce que se trató de un viaje privado pero añade que «con toda seguridad el dinero fue devuelto»

(en El Mundo)

Lo que no me explico es cómo se puede tardar tanto tiempo en reponer una tarjeta, y seguir tirando de la del ayuntamiento:

Nájera pagó con la visa municipal en El Corte Inglés de Madrid, en un viaje a Chile, en otro a Cancún y en tiendas de ropa

La ex alcaldesa compró pasteles en Palma y regalos en Nueva York con cargo a la tarjeta de crédito del Ayuntamiento - También distrajo fondos públicos en Sudáfrica, México DF, Túnez y su Bilbao natal

Y otra vez el artículo de opinión apunta al auténtico escándalo, comparándolo con el del ya célebre club Rasputín:

Desde un punto de vista político, ético y ciudadano, lo que nos escandaliza, con razón, del caso Rasputin es que se abonaran con dineros públicos actividades personales que pertenecen al ámbito estricto de la privacidad. Lo perverso del monumental escándalo del caso Rasputín no es que un grupo de señores acudieran a solazarse a un puticlub, sino que lo cargaran a las arcas públicas.

Pero hoy se añade un detalle muy importante, fundamental para entender por qué el escándalo Raputín es conocido en toda España, pero no los escándalos de la Nájera:

Pero lo que empieza a ser más escandaloso que los casos Rasputín y Nájera es el silencio ominoso de importantes medios de comunicación, empezando por la delegación de la agencia Efe, dirigida por una notoria filosocialista, que inunda de información sobre el caso Rasputín y no informa ni una coma del caso Nájera: mayor fidelidad al Partido y mayor dejación de elementales obligaciones profesionales, imposible. Lo mismo cabe decir de la Ser, cuyo silencio ovino sobre Nájera contrasta con el bullicio y activismo mostrado con el caso Rasputín.

No se puede añadir nada a esto.