Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

3 de Julio 2004

El idioma y la enseñanza: introducción histórica

Desde hace años es uno de los temas más polémicos que se debaten en Baleares. Si normalmente se dice que en la mesa no hay que discutir ni de política ni de religión, aquí podriamos añadir el tema del idioma.

Las posturas son de lo más variado y se articulan en dos ejes: si el catalán es o no el idioma autóctono, y la forma de normalizar su uso. En el primer eje se sitúa la discusión sobre si las modalidades lingüísticas baleares son dialectos del catalán evolucionados a partir del idioma traido por Jaime I y sus colonos, un idioma evolucionado desde el latín y que se parece al catalán casi por casualidad, o que todo son dialectos del castellano. Este es un simple debate científico, histórico y lingüístico: me parece clara la unidad lingüística del catalán, tanto el continental (incluyendo el valenciano) como el insular.

Los criterios de delimitación lingüística son variados, pero el catalán los cumple sobradamente. Los catalanoparlantes de distintas regiones son capaces de entenderse entre ellos (mútua comprensibilidad) sin cambiar de idioma. Las diferencias de vocabulario proceden del sustrato sobre el cual evolucionó cada dialecto (desde los indígenas celtíberos, los distintos orígenes de los colonizadores romanos y de los sucesivos invasores de esas tierras, principalmente visigodos y musulmanes). Las diferencias de diccionario entre las distintas variantes catalanas son las mismas, tal vez menores, que las existentes en el castellano, incluso sólo el peninsular, sin tener que irnos a Latinoamérica.

La gramática es esencialmente la misma en todo el idioma, y es el punto donde más se aprecia el carácter de lengua romance intermedia entre las orientales (incluido el francés) y las occidentales (el castellano, gallego, portugués y demás lenguas embrionarias peninsulares). En general la construcción gramatical es similar al castellano, pero ciertas estructuras recuerdan al francés. Sólo hay sutiles cambios en ciertas conjugaciones verbales, en particular en el valenciano, similares a las diferencias que hay en el español hablado en Argentina y Chile.

Hay más argumentos para defender la unidad lingüística del catalán, pero no se trata de impartir una lección. Pero una vez aclarada mi concepción de que el catalán es un solo idioma, ¿implica eso que tener un idioma común implica tener una cultura común? Ahí empieza la parte más enconada del debate.

El castellano tuvo la suerte de normativizarse (tener una gramática conocida y una academia que velase por la corrección del idioma) cuando se estaba gestando, y la norma se basó en la corrección del idioma más que en la presión política de un cierto grupo de hablantes. Hoy eso queda más claro aún: uno de los peores castellanos se habla en Madrid, la capital del reino.

El catalán ha evolucionado relativamente poco desde que Ramón Llull escribiera sus textos en el siglo XIII: es relativamente fácil leer las crónicas medievales, por ejemplo, o documentos de la Cancillería Real. Pero por diferentes vaivenes políticos no se produjo la normativización del idioma hasta el siglo XX.

En el caso de la norma del catalán sí se optó por aceptar como correctos ciertos usos por ser los mayoritarios en Barcelona, sin atender en ocasiones a la etimología. Si bien es cierto que el papel del idioma es entenderse, y si la mayoría de hablantes de una lengua hablan de cierta forma eso no tiene que ser incorrecto, lo que causó escozor es que quedasen fuera de la norma usos minoritarios pero más puros, que es el caso de las variantes baleares, y en particural de Mallorca e Ibiza (los dialectos menorquines se hallan muy contaminados de anglicismos). El hecho de que además existiese una gramática mallorquina (de más que dudosa base científica, al igual que sus defensores) ha dado alas durante décadas a los que defienden que el balear es un idioma distinto del catalán, hecho que ha sido ampliamente utilizado por los del divide y vencerás durante la dictadura de Franco, y aún hoy en día.

Poco a poco se ha ido corrigiendo este agravio comparativo y ya se consideran correctas (están incluidas en el diccionario oficial) palabras típicas de las Baleares. A pesar de esto, sigue causando polémica que los libros de texto de catalán vengan exclusivamente de Cataluña, y que con mucha frecuencia ignoran las modalidades baleares. Es más, profesores mallorquines son los que ignoran deliberadamente las modalidades locales, incluso cuando los libros las incluyen en los capítulos de dialectología. Ya es relativamente frecuente oir a niños de pueblo usando las palabras gos (perro), gat (gato) o got (vaso) en lugar de las mallorquinas, e igualmente correctas, ca, moix y tassó. Sin embargo, ya se admiten como correctos los castellanismos habituales en Barcelona vas (para vaso) o caldu (para caldo, en lugar del correcto brou).

Pero la enseñanza de la forma estándar del idioma es un problema menor cuando se compara con el uso político de la enseñanza en y del catalán. Continuará.