Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

5 de Junio 2004

El color de los cristales

La proximidad de las elecciones europeas no me hace perder de vista las movidas que se producen fuera de nuestras fronteras, y cómo son reflejadas en los medios.

Ayer estuve leyendo un artículo en el Washington Post acerca (una vez más) de la pretendida vietnamización de la guerra de Irak, y cómo ello ha contribuido a aumentar la brecha entre la sociedad civil y el estamento militar.

The Prism Of Abu Ghraib

David Halberstam concludes his book "War in a Time of Peace: Bush, Clinton, and the Generals" with the following observation: "I should note finally that I did not go looking for the ghosts of Vietnam, but they were often there, and they found me, most notably in the damage done to two institutions critical to general public health and disproportionately affected by that war, the U.S. Army and the Democratic Party."

The ghosts of Vietnam continue to haunt the Army, which came out of that war affected by a sense of demoralization that the institution still has not shaken.
[...]
The most important outcome of a war undertaken by a nation is not on the battlefield but within the society that fights these wars. U.S. society was transformed by Vietnam, especially civilians' relationship with the military. The wounds are still not healed, and the divide is not bridged, primarily because the Army and society often view Vietnam differently.
[...]
The Army sees Vietnam as a great betrayal -- by both military and civilian leaders and by an American public that broke faith with its military.
[...]
First, there was the hubris of Army leaders, who tied military decisions to covert political considerations and thereby sacrificed tens of thousands of lives in vain. Second, there were the elites of society who opposed the war and broke faith with those in the military who felt an obligation to serve their country.
[...]
No longer were GIs the liberators, as in Europe. They were the flawed soldiers who didn't live up to the American ideals of honor and courage. Indeed, the metaphor that still haunts middle America is My Lai. Lt. William Calley's platoon, which massacred innocent civilians, became the prism through which the Army was seen by society.

Abu Ghraib threatens to serve as a similar metaphor for this war in Iraq.

The goons who tortured Iraqi prisoners are not representative of the Army. Neither were the members of Calley's platoon in 1968.
[...]
If the Army comes out of this affair with the same sense of victimization that it did from Vietnam, the risk is a new division between the Army and American society that will be just as toxic as the divisions of Vietnam.

Soy de los que piensa que a veces la libertad y la democracia tienen que ganarse a tiros, desde Concord y Lexington hasta Bagdad, pasando por Omaha Beach, Anzio, o Iwo Jima. Y porque no quiero ir muy atrás en el tiempo porque podría llegar hasta las Termópilas. Bueno, ¿y por qué no? Hoy en día Leónidas sería visto como un bruto militarista pero él y su guardia presentaron batalla y murieron para dar una oportunidad al que era el único faro de democracia y libertad en el mundo antiguo. Los civiles espartanos podían pensar "¿y qué si cae Atenas?". Como nosotros podemos pensar "¿y qué si cae Bagdad en manos de Al Sadr y colegas?". O como se pensó "¿y qué si cae Saigon en manos de Ho Chi Minh?".

Pues a los vietnamitas del sur no les dio lo mismo caer en manos de la guerrilla comunista. Ni a los iraquíes les daría lo mismo caer en manos de unos nuevos talibanes. Y para tratar de impedir eso están los ejércitos: los que tienen que hacer el trabajo sucio de matar o morir porque la mayoría pueda vivir en libertad.

Las imágenes de las masacres de algunos soldados americanos en Vietnam magnificadas por la prensa hicieron que la ciudadanía perdiese la confianza en su ejército. Y eso mismo pasa ahora con el caso de los malos tratos en Abu Ghraib. Cuando las cámaras apuntan al ejército de los EEUU ponen el cristal más crítico posible. Pero cuando deberían apuntar a los auténticos enemigos de la libertad y la democracia, sean Al Sadr y los suyos, el Viet Cong, o las FARC, cambian el cristal por el de "resistencia", "luchadores por la libertad" o "antiimperialistas", cuando no se limitan simplemente a echar la tapa sobre el objetivo.

¿Qué ocurrirá el día en el que el enemigo esté efectivamente a las puertas de nuestras democracias aporreándolas? Entonces lamentaremos haber humillado a nuestros ejércitos. De nada habrá servido el populismo y la demagogia de construir hospitales con el dinero ahorrado en defensa, o VPO sobre los terrenos de antiguos cuarteles. Nuestro modo de vida no se defiende solo: sin un poder militar adecuadamente dirigido y respaldado por el civil, nuestras sociedades no son más que un castillo de naipes esperando a ser derribado por el primer soplido fundamentalista que se lo proponga seriamente.