Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

22 de Abril 2004

Fanatismos y fundamentalismos

La semana pasada vi La Pasión. Me imagino que no hay que contar nada del argumento ni las imágenes, todos ya sabemos de qué va la cosa. En lo que concierne al impacto que me causó, tengo que decir que si mi total ausencia de fe no fuese firme, habría salido del cine convertido.

No creo que la película sea antisemita, porque los judíos de entonces no remiten para nada a la actual imagen de los judíos (o bien los ortodoxos con su barbas, o bien los soldados). De hecho, no me sorprendería que mucha gente ni sepa que los que acusan a Jesús son los judíos. Por otro lado, los romanos demuestran ser unos cafres de cuidadín. Creo que todo el auditorio se encogía en sus butacas con cada latigazo, y cosas que no eran latigazos.

Tampoco hay que verla como una película histórica: es una versión fiel de los evangelios, y punto. Pero lo importante es que muestra unas horas que serían cruciales para los siguientes 20 siglos de la humanidad.

Vi la película después de la semana santa, de ver escenas que no distan mucho de lo que vemos en las peregrinaciones a la Meca.

Yo parto de la base de que todas la religiones tienen un punto de fanatismo, ya que se fundamentan en algo irracional, algo que por definición se escapa a los límites de la razón humana y requiere de la fe. La diferencia estaría en hasta qué punto esa creencia afecta al comportamiento cotidiano, sobre todo en relación a otros miembros de la gran familia humana.

Las antiguas religiones no eran mútuamente excluyentes, en general. Se solía "respetar" a los dioses rivales, pero los propios eran los mejores. Roma aprovechó este hecho al respetar las religiones de los pueblos conquistados, pero incluyendo a esos dioses como vencidos por los del panteón romano.

Los judíos ya se salían de esta norma al declarar que su dios era el único verdadero, que todos los demás eran falsos (al igual que había hecho Akhenaton, tal vez el inventor del monoteísmo). El cristianismo no es más que una evolución de ese hecho. El Islam es otra vuelta de tuerca: considera que Dios ha inspirado la Biblia (tanto el antiguo testamento como los evangelios), pero que judíos y cristianos se han apartado del camino de la verdad.

La expansión del Islam no fue muy distinta a la de otros imperios. Es posible que incluso fuese menos cruenta que la romana, por ejemplo. Mantuvieron contactos comerciales con todas las civilizaciones conocidas del momento, desde China hasta Europa. Y mientras en la cristiandad se quemaban brujas o padecían los efectos de la peste negra, el Islam disponía de la medicina más avanzada del momento.

Se puede discutir si la convivencia fue más o menos pacífica en los lugares en los que coexistieron, hay versiones para todos los gustos. El hecho importante es que se trata de culturas que niegan la libertad del individuo en frente de su iglesia o comunidad de creyentes, sometiéndose a una cierta jerarquía y obligándose a cumplir una serie de ritos para ser aceptado en la sociedad.

Simplificando el asunto hasta Islam vs. cristiandad (expansión del Islam, Reconquista, Cruzadas...), vemos que hay múltiples reinos en conflicto que sólo tienen en común su religión, y en ambos lados habría gentes que pensasen que toda la situación era absurda. Gentes que no adoptasen las creencias y la fe de sus vecinos y compatriotas, pero no libre y públicamente, ya que eso sería la condena a muerte. Sin embargo, en el occidente mayoritariamente cristiano se produce un hecho clave: la invención de la imprenta.

La primera consecuencia es evidente: al distribuirse de forma fácil el libro sagrado en un idioma que pudiese leer la población, ésta quedaba libre del clero para interpretar la biblia como quisiese. De alguna forma, la iglesia pierde el poder sobre el "alma" del ser humano. El islam desde su origen se basa en la transmisión oral, la cual siempre está sujeta a la interpretación interesada del imán de turno, o incluso a la simple invención si ello sirve a motivos políticos.

Por otra parte, en occidente se produce una separación entre iglesia y ciertos estados de forma traumática. El poder de la iglesia es comparable al de muchos reinos, pero además ejerce sobre estos un poder "espiritual", doblegando voluntades mediante la amenaza de excomunión. Al mismo tiempo acepta sobornos (las "indulgencias") para salvar el "espíritu". La denuncia de este hecho por parte de Martin Lutero en sus 95 Tesis dará lugar a la Reforma. Al dividirse la iglesia en tres grandes confesiones (católica, protestante, anglicana), pierde parte de su poder sobre los reinos cristianos. El Papa ya no tiene más poder que todos los reyes juntos, debe establecerse una simbiosis entre el poder religioso y el civil/militar. Y todo esto, recordemos, gracias a la capacidad de difusión del pensamiento que ofrece la imprenta.

Del mismo modo, permite un fácil (dentro de lo que cabe) intercambio científico. La posibilidad de realizar en poco tiempo miles de copias de textos científicos y distribuirlos por toda Europa debió ser un salto tan grande como el nacimiento de internet. El pensamiento científico avanza, y además libre de las ataduras de una autoridad religiosa que ha perdido gran parte de su capacidad de influencia por su división y por la popularización del texto religioso clave. Poco de esto ocurre en el islam.

No hay un liderazgo religioso hegemónico, pero en cada región, tribu o reino los imanes siguen siendo los auténticos líderes: siguen enseñando e interpretando el corán que interesa a sus fines. Por otro lado, una vez superada la etapa de la gran expansión inicial, el islam comienza su retroceso: en el 732 es detenido en Europa occidental en Poitiers; en 1492 cae Granada; en 1571 la armada turca (el poder islámico del momento) es derrotada en Lepanto; y en 1683, después del fracaso del segundo sitio a Viena, comienza el retroceso territorial definitivo del islam. Llegamos al siglo XIX, cuando en Europa y América, ya existen democracias parlamentarias, mientras que los restos del islam aún se debaten en tremendas luchas entre los partidarios de mantener el control religioso del estado y los partidarios de la modernización. Al mismo tiempo surge el nacionalismo árabe contra la ocupación otomana, que además pierde sus últimas posesiones europeas (Grecia, Balcanes, Rumania, Bulgaria...). Los sectores más religiosos culpan fácilmente a los antiislámicos de este colapso, que es acompañado del establecimiento de colonias y protectorados principalmente británicos, y de la final desaparición del imperio otomano en la I Guerra Mundial.

El Reino Unido situa en el poder de los nuevos reinos (Irak, Arabia Saudí, etc.) a monarquías títere, pensando que es más fácil negociar o coaccionar a un reducido grupo de gobernantes que a toda una nación libre. El nacionalismo panárabe opuesto a la colonización, el deseo de revancha por mil años de retroceso territorial y las pésimas condiciones de vida del pueblo son explotados por los líderes religiosos contra las monarquías gobernantes, bastante laxas en el seguimiento de los preceptos coránicos y progresivamente más occidentalizadas.

En 1928 se fundan los Hermanos Musulmanes en Egipto, el que se considera primer grupo islamista radical. Durante los años 30 se suceden los ataques contra las tropas coloniales. En la II Guerra Mundial las potencias metropolitanas prometen la independencia a las colonias a cambio de aportar hombres a los ejércitos.

Surgen líderes árabes "laicos" que acometen profundas reformas en sus paises a imagen de la URSS (colectivismo y faraónicas obras públicas), pero su tremendo fracaso hace que la población se vuelva hacia los islamistas. Ideológicamente, el islam vuelve a sus orígenes, casi 1300 años atrás, mientras occidente ya ha vivido el Renacimiento, la Ilustración, las revoluciones liberales, la revolución indutrial...

Los islamistas mantienen con la URSS los mismos contactos que los líderes "laicos", aprendiendo así las técnicas de desestabilización diseñadas en el bloque soviético contra occidente. La vuelta de tuerca definitiva la da Jomeini, cuando con la fatwa de condena a Salman Rushdie demuestra tener un control total sobre el islamismo radical en oriente medio... y Europa. El apoyo financiero de Arabia Saudí es sólo la puntilla.

Los islamistas radicales odian a occidente por 1000 años de pérdidas de territorio, pretenden imponer dictaduras teocráticas por todo allí donde pasen, y cuentan con recursos virtualmente ilimitados gracias a los dólares del petróleo. Además cuentan con la fuerza de ser el único transmisor válido de la religión, que es impuesta mediante el terror y la coacción en un fenómeno que se retroalimenta: se puede disponer de fanáticos por la religión impuesta, y los fanáticos son los instrumentos de terror fundamentales para imponer la religión. Porque sin tios dispuestos a tomar las armas, poner bombas o torturar a infieles, un barbudo gritando oraciones desde su minarete no tendría el más mínimo éxito.

El fundamentalismo islámico no tiene nada que ver con la pobreza: su origen es mantener los privigelios de las clases dirigentes de las repúblicas islámicas. Lo que más odian de occidente, además de querer recuperar territorios que claman suyos mil años después, es cómo la globalización podría abrir los ojos a esa gran masa de súbditos.

Un cristiano puede ser tan fanático o más que un musulmán. La iglesia también ha tenido sus "budas de Bamiyán", arrasando arte y cultura de otros publos (desde el templo de Artemisa hasta estatuas mayas y aztecas). Ha quemado brujas. Ha quemado gatos, propiciando que se extendiese la peste negra transportada a lomos de ratas. Pero un cristiano hace siglos que tiene la oportunidad de leer por sí mismo las palabras del nazareno antes de que lo trincasen: "amaos los unos a los otros". Si a un musulmán le enseñan a leer con un libro en el que le dicen "aquí pone que si mueres matando a infieles tendrás a 70 vírgenes a las que tirarte en el paraíso", y encima el que le enseña eso le garantiza una existencia terrenal misérrima, el resultado es tan fácil como sumar dos y dos.