Sandwiches en la Torre de la Vela

Asociacionismo, libertad y comida rápida, por Jahd

13 de Junio 2004

Los "aprovechaos" en estados y asociaciones

Los "aprovechaos" son esos que se aprovechan de los demás en todo lo que pueden. Son los que se invitan a un café, te cogen un cigarrillo del paquete cuando te das la vuelta o se te presentan en casa de visita justo a la hora de cenar. En un sentido más amplio, son los que chupan del pote de una manera u otra.

Un aprovechao saca beneficio de cosas por las que no paga nada porque hay otros que pagan. Es el que trabaja en negro sin cotizar ni un euro y se aprovecha del sistema sanitario público pagado por la mayoría. Es el defraudador que falsifica facturas y declaraciones de IVA pero que usa un aeropuerto pagado con el dinero de nuestros impuestos. O es el deportista de élite que fija su residencia en Andorra o Mónaco para no pagar aquí sus impuestos, pero que luego recorre raudo y veloz con su deportivo las carreteras y autopistas pagadas con el dinero de los demás.

Bajemos a un nivel más cercano: el del local de nuestra querida asociación. Con el dinero de cuotas y subvenciones, y el trabajo de una serie de asociados, disfrutamos de una pequeña red de ordenadores en la que jugar a Counter-Strike, una tele y DVD en la que poner películas para hacer nuestros debates, una cadena de música con la que lograr un ambiente más agradable (dependiendo de quien ponga la música, aunque ese es otro tema), varias mesas sobre las que extender nuestros juegos de batallitas y simulaciones históricas que tanto nos han enseñado, o esos sofás en los que apoltronarse y tener acaloradas discusiones sobre si es mejor una sanidad privada o pública.

El problema viene cuando se aprovechan de estos bienes personas que no pagan cuotas ni participan activamente en el desarrollo de actividades ni mejoras de la asociación. Cuando un asociado llega de estudiar o trabajar y se encuentra que no hay ordenadores libres para desahogarse pegando tiros en el Counter, hay un problema. O cuando un grupo de casi todos no asociados queda en el local para ver un partido de fútbol en la tele pagada por los asociados echado en los sofás traidos por asociados. Los aprovechaos también contribuyen a ensuciar sin pensar en que los asociados tienen unos turnos de limpieza. O que tele, luces y ordenadores consumen una electricidad que pagan... exacto: los asociados.

El origen del problema: "cuando algo es de todos, es como si no fuese de nadie". Esos bienes están ahí, son de la asociación, son de todos, pero de ningún asociado en concreto. Igual que los hospitales, los colegios o las carreteras "son" del estado. Estén pagados con el dinero de todos, en teoría es de todos pero está a nombre del estado.

La solución: pagar en función de lo que se recibe. ¿Quieres jugar con el ordenador? 10 céntimos la hora, por la electricidad y para pagar las tarjetas de vídeo que alguien se ha currado en encontrar por e-bay, comprar, montar y configurar. ¿Partidito de Champions en el local? Otros 10 céntimos la hora: por la electricidad, por lo que costó la tele en su momento y por lo que se ensucia por todas partes. ¿Campeonato de Magic? 5 céntimos la partida, por la luz que gastas, lo que costaron las mesas y las sillas, y por el alquiler del local que te da cobijo.

Algunas ventajas: justicia. Se paga por lo que se recibe. Si nunca juegas con los ordenadores, no vas a pagarlos, del mismo modo que si no tienes coche no tienes por qué pagar las carreteras. Vale, te aprovechas entonces de las carreteras que pagan otros para recibir mercancías. ¿O no? No: si el transportista paga por la carretera, te lo repercutirá en el precio de las mercancias que te trae. Pero entonces puedes elegir comprar algo más lejano y caro, o algo más cercano y barato.

Eficiencia. Recaudar de forma general (impuestos o cuotas) para luego distribuir a diferentes bienes y servicios crea un nivel adicional de administración y burocracia, además de fomentar decisiones arbitrarias sobre el destino de los fondos recaudados. Recaudar para un bien o servicio concreto crea una relación inequívoca entre la oferta y demanda mediante el sistema de precios. Es la forma de marcar el camino hacia dónde pueden hallar riqueza las empresas: viendo qué actividades son más rentables, según la situación puntual de la sociedad y el mercado.

Menor coste. Pasar de impuestos generales a tasas por servicio permite que el "cliente" (ciudadano o usuario de la asociación) perciba el coste del bien o servicio, tiene un feedback en términos comunes para todos: dinero. Esto da también una indicación a los posibles ofertantes de bienes y servicios de cuáles son las demandas de la población, atrayendo a competidores, lo cual siempre deriva en búsqueda de reducción de costes para ofrecer menores precios. Y por el punto de vista de la demanda, permite establecer de una forma más o menos clara la "escala de preferencias" a la hora de elegir un bien o servicio: qué está dispuesto a pagar cada uno por la "felicidad" que espera obtener de determinada acción (adquirir cierto bien o servicio). En el local de la asociación, limitado en espacio, permite dirimir de forma clara hacia donde dirigir el bien escaso que es el espacio: ¿está dispuesta a pagar la gente más por una partida de Warhammer o de Magic? El "precio" que estén dispuestos a asumir los usuarios guiará la elección. Eso no quita que en otro momento la elección sea otra: la escala de preferencias cambia en cada ocasión que se plantea la oportunidad de elegir actuar (o no hacerlo).

Cuidado por las cosas. Que las cosas tengan un propietario y un coste conocido y perceptible cuando se usan desemboca en un mayor "respeto". El equipo de música no es un "bien colectivo" que si se rompe lo pagan entre todos: tiene unos propietarios que querrán una compensación económica si alguien lo estropea por un mal uso.

¿Cuál es la principal dificultad de un sistema así? El control de quién usa ciertos objetos o servicios. Una carretera, puerto o aeropuerto tienen sus "peajes". Servicios como la sanidad, la educación o las telecomunicaciones simplemente no son recibidos si no se pagan. Pero siempre hay cosas que permanecen en "zonas comunes". ¿Qué pasa con el vándalo que destroza una papelera o quema un contenedor de basura? ¿O se dedica a hacer pintadas en cualquier sitio? O en la asociación, ¿quién controla quién se ha cargado el CD o el vídeo, o ha perdido fichas de un juego?

No es necesario establecer ningún sistema policial, un "gran hermano" que controle a todos y cada uno de los ciudadanos o usuarios de una asociación. En las calles sí es necesaria una vigilancia (preferiblemente privada, ya que la eficiencia de su servicio determinará su retribución o la continuidad en la prestación del servicio), y cuya única ocupación sea vigilar y prevenir las agresiones contra las propiedades privadas situadas en un lugar de uso común. Pero cualquier ciudadano, como propietario de algunas de esas propiedades, de manera natural ejercerá esa misma labor de vigilancia, de forma inconsciente: si ve a alguien rompiendo una papelera de su calle no mirará hacia otro lado pensando en que ya paga impuesto al ayuntamiento para que la reponga. Si puede, tratará de evitar el daño a esa propiedad en parte suya, porque de lo contrario, la sustitución saldrá de su bolsillo. Y si no puede prevenirlo, al menos hará lo posible para que el causante del daño responda por él.

En una asociación, que será de carácter voluntario, es más fácil aún: el consenso entre los asociados. Si los miembros activos de la asociación se ponen de acuerdo en aplicar ciertas normas es de esperar que cada uno las cumpla al no venirle impuestas. Y si no le gustan, puede dejar la asociación y buscar otra donde los consensos a los que se llegue sean de su agrado. Así, suponiendo que los asociados que queden en la entidad estarán de acuerdo en un funcionamiento "privado", llevarán esa política a sus "invitados". Por consenso se pueden aceptar las "visitas" (nadie habla aquí de sociedades secretas), pero el sentido común y el consenso previo alcanzado llevarán a que si esas "visitas" se hacen regulares, muy frecuentes, tanto que se llegue al hecho de que se aprovechan de los bienes y trabajo de otros, se les plantee el hecho de que están suponiendo un coste para los otros, y que lo justo es o que compartan el coste adicional, o dejen de causar ese sobrecoste: que dejen de aprovecharse de los demás.

El socialismo, aplicado desde un estado hasta una simple asociación, lo que logra mediante la redistribución de riqueza creada por el trabajo de unos, expoliada mediante impuestos, es que los haya que sin trabajar, producir, contribuir en nada, se beneficien del esfuerzo de otros. Hasta que estos otros se cansan y dejen de producir riqueza, en cuyo caso lo único que se redistribuye es miseria.

El liberalismo, partiendo del respeto a la libertad del individuo y a la propiedad privada obtenida mediante el ejercicio de la libertad (de trabajar o crear una empresa), proporciona un sistema de incentivos para el trabajo, el ahorro, la inversión y la creatividad. Usando el dinero como un idioma común ofertantes y demandantes "leen" las necesidades y deseos de unos y otros, asignando los recursos limitados (materias primas, espacio, trabajo) de la forma más eficiente posible. Los que van de listos tienen poca cabida en un sistema así, a menos que encuentren a alguien que de forma voluntaria les permita aprovecharse de ellos. Pero al menos no se aprovechan de todos de forma sistemática y escondiéndose detrás de la coacción estatal.